Bosquejo histórico de las adicciones  
 

Bosquejo histórico de las adicciones

Carlos Viesca Treviño

La curiosidad caracteriza al ser humano, quien siempre ha tratado de explorar el mundo que le rodea, y de inquirir el porqué de lo que en él sucede. Dentro de este inmenso contexto de lo investigable, el hombre se incluyó. Primero lo hizo con un cuerpo, cristianamente separado del alma que lo animaba, para después dirigir la mirada hacia ésta, tratando de describir y explicar su propia humanidad, cartesianamente dicotomizada, cuya alma, poseedora de funciones múltiples, privilegia la razón y la conciencia racionalmente dirigida. El sueño, el ensueño, la alucinación, las delusiones de todos y cada uno de los sentidos, los delirios, el trance, el éxtasis, la posesión han quedado sujetos a esa conciencia avasalladora y relegados a las profundidades de lo que no puede decirse, de lo que no puede oírse, de lo que no es real porque no es racional, de lo que no existe puesto que es imaginario. Al lado de esta curiosidad que lo lleva a probar vegetales, animales, minerales, sustancias y sus derivados, pronto pudo apreciar que algunas de ellas le provocaban efectos y sensaciones placenteras que lo movían a buscar la repetición de la experiencia, que busca porque lo acerca a su propia esencia, aun cuando muchas veces crea que le facilita huir de ella.

Bosquejo histórico de las adicciones

Sin embargo, el ser humano no ha podido escapar de sí mismo, y una y otra vez afloran la poesía y la metáfora, lo irracional y el inconsciente, las quimeras de las posibilidades que la razón no le permite manifestar, y aun la servidumbre avasalladora que lo arrastra hacia ellas.

Otras culturas no sólo han permitido la entrada a estas esferas, sino que la han propiciado, otorgándoles un lugar dentro de las estructuras que las confor­man y una función, a veces de trascendental importancia, en la dinámica de su reproducción y mantenimiento.

El éxtasis budista que conduce al nirvana es la máxima expresión de este paso a una de esas otras realidades internas que pueden exteriorizarse y convertirse en marcos de referencia para interpretar el mundo, diferente por supuesto de la que ofrece la ciencia, y que son validadas por la aceptación social que les brinda la cultura de la que se originaron. El occidente creyó por siglos en la existencia de brujas, y después cambió su creencia por la de la eficacia de las sustancias con las que se elaboraban los ungüentos que ellas utilizaban. La humanidad entera pensó en la posibilidad del vuelo chamánico que le podría llevar a otras instancias del universo, y después lo fue limitando paulatinamente a algunos individuos superdotados y luego se esclareció la necesidad de usar fármacos que se lo facilitaran.

Bosquejo histórico de las adicciones
Sin embargo, había personas que usaban estas sustancias "divinas" e incluso las controlaban, en tanto que otras caían completamente bajo su dominio, y nunca más se liberaban cíe ellas. La voluntad se diluía en el placer provocado por la experiencia, o quedaba sofocada ante la angustia y el tremendo malestar debido a la carencia de la sustancia en cuestión. Así, desde las más tempranas épocas de la historia de la humanidad, moduladas por los diferentes modelos relativos al uso y al papel que desempeñaban las drogas que causan adicción en las diver­sas culturas, y los grados de permisividad social, las adicciones a fármacos y entiendo aquí el término en su más amplia acepción han acompañado al hombre en la intimidad de su existencia.
Adicciones - Adicción a Internet - Alcohol - Bosquejo histórico - Cocaína - Consumo de drogas - Drogodependencia - Tipos de drogas - Extasis - Hachis y cannabis - Las adicciones - Tabaco - Tratamiento de las adicciones
  Bosquejo histórico de las adicciones