Cocaína  
 

El horror de la blancura

Como la heroína, la cocaína es una droga moderna de alta pureza derivada de una planta con una larga historia de uso popular. Durante milenios, los pueblos de las lluviosas selvas montañosas de Sudamérica han sustentado valores culturales que fomentan el uso ritual y religioso del estimulante/alimento de la coca.

Los lugareños de las zonas en que la coca se ha cultivado y consu­mido tradicionalmente le dirán rápidamente a uno: La coca no es una droga: es comida. Y en realidad éste parece ser ampliamente el caso. Las dosis autoadministradas del polvo de coca natural contienen un signifi­cativo porcentaje de la dosis cotidiana requerida de vitaminas y mine­rales.' La coca también suprime el apetito. La importancia de estos hechos no puede apreciarse sin una comprensión de la situación relacionada con la disponibilidad de proteínas en la selva amazónica o el altiplano andino. El viajero casual puede suponer qué la exuberancia de los bosques tropicales significa una abundancia de frutos, semillas y raíces comestibles. No es así. La competencia con respecto a los re­cursos de proteínas disponibles es tan . fiera entre los miles de especies que comprenden el hábitat de la jungla que prácticamente todo S los materiales orgánicos útiles están realmente ligados a sistemas vivos. La penetración humana en estos entornos se ampara de un modo impor­tante en una planta que suprime el apetito.

Cocaína

Por supuesto, la supresión del apetito es sólo una de las características del consumo de la coca. El clima de las lluviosas junglas es de difícil habitación. La recolección de comida y la construcción de refugios requiere a veces acarrear gran cantidad de material a lo largo de distancias considerables. En ocasiones, el machete es la única herramienta para desenvolverse en la selva.

Para la antigua cultura inca del Perú, y más tarde para los indígenas y los colonistas mestizos, la coca fue una diosa, una suerte de eco en el Nuevo Mundo de la diosa blanca de Graves, Leucotea. Significativa­mente, la diosa Mamacoca, a guisa de jovencita ofreciendo la ayuda de la rama de coca al conquistador español, figura de un modo destacado en el frontis del clásico de W Golden Mortimer History of Coca: The Divine Plant of the Incas (véase la figura 22).

La cocaína se aisló por primera vez en 1859. La farmacología estaba pasando por una suerte de renacimiento, y la investigación con la co­caína prosiguió con intensidad a lo largo de varias décadas. En este punto de nuestra explicación, es necesario mencionar que la cocaína se proclamó en un principio como una cura obvia ¡para la adicción a la morfina! Los investigadores médicos que se vieron atraídos por la nueva droga incluyen al joven Sigmund Freud:

Cocaína

En el presente es imposible afirmar con certeza hasta qué punto la coca puede aumentar los poderes mentales humanos. Tengo la impresión de que el uso prolongado de la coca puede llevar a una mejora si las inhibiciones que se manifiestan antes de su ingesta se deben sólo a causas físicas o al agotamiento. Ciertamente, el efecto instantáneo de una dosis de coca no puede compararse con la de una inyección de morfina; pero, en la parte positiva, no existen peligros de daños generales para el cuerpo, como sucede en el caso de un consumo crónico de morfina. 3

Los descubrimientos de Freud, que más tarde repudiaría, no fueros ni muy difundidos ni bien recibidos cuando se tuvo noticia de ellos, Fue un estudiante de Freud en Viena, Carl Koller, quien dio el siguien­te paso en la aplicación médica de la cocaína: el descubrimiento de su uso como anestésico local. El descubrimiento de Koller revolucionó 1a cirugía de la noche a 1a mañana. Hacia 1885, la cocaína era aclamada como una revolución médica de envergadura. Sin embargo, a medida que su uso se difundía, también se tuvieron noticias de su acción corD estimulante que llevaba a la adicción. La cocaína fue la inspiración para la droga, no citada, que causa los repentinos cambios de personalidades en la obra de Robert Louis Stevenson El extraño caso del doctor Jek y Mr. Hyde, un hecho que contribuyó a su creciente y galopante reputación como nuevo vicio virulento de ricos y depravados.  

Pro cocaína

No todas las referencias literarias a la cocaína se pintaban con una luz tan tenebrosa. En 1888, el médico inglés sir Arthur Conan Doy; escribió un relato, hoy famoso, The Sign of Four, en el que su detective, el temible Sherlock Holmes, dice de su consumo de cocaína: «Supongo que su influencia física es mala. Sin embargo, la encuentro tan trascendente, estimulante y esclarecedora para la mente que este efecto secundario es algo desdeñable».

La coca sigui&oacute; el patr&oacute;n establecido antes con el caf&eacute;, el t&eacute; y el chocolate; o sea, r&aacute;pidamente atrajo la atenci&oacute;n de los negociantes. El mas destacado entre quienes vieron oportunidades en la coca fue el franc&eacute;s M. Angelo Mariani. En <em>1888, </em>sali&oacute; al mercado la primera botella de Vin Mariani (v&eacute;ase la figura 23) y pronto existi&oacute; una l&iacute;nea de vinos, t&oacute;nicos y elixires basados en la coca:

Mariani fue el mayor exponente de las virtudes de la coca que conoció el mundo. Se sumergió en la ciencia de la coca, se rodeaba de artefactos incas, cultivaba un huerto de coca en su propiedad y dirigía un imperio mercantil que fabricaba su vino tónico. Gracias a su genio publicitario, se acercó más que ningún otro a una apología de la adicción universal. La reina Victoria, el papa León XIII, Sarah Bernhardt, Thomas Edison y cientos de celebridades y médicos dieron testimonio público de las propiedades tónicas de sus productos en una serie de doce volúmenes publicados por su compañía.5

  1. William Burroughs, Naked Luncb (Nueva York: Grove Press, 1959), pág. vil¡.
  2. James A. Duke, David Aulik, y Timothy Plowman, «Nutritional Value of Coca», Botanical Museum Leaflets of Harvard University 24:6 (1975).
  3. Sigmund Freud, The Cocaine Papers (Viena: Dunquin Press, 1963), pág. 14.
  4. Arthur Conan Doyle, The Sign of Four en 775e Complete Sherlock Holmes (Nue­va York: Doubleday, 1905).
  5. Introducción por Michael Horowitz, en W Golden Mortimer, History of Coca, the Divine Plant of The Incas (San Francisco: Fitz Hugh Ludlow Library, 1974).
Fuente: El manjar de los Dioses, Terence Mc Kenna, Ediciones Paidos. Barcelona – Buenos Aires – México 1993.
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