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Las adicciones
La palabra "adicción" -que ha dado el adjetivo adictivo designa en el lenguaje especializado una conducta de dependencia a una sustancia o a una práctica de la cual el sujeto se convierte en esclavo, con todos los riesgos que esa sujeción acarrea en su vida personal, familiar y social.
El término en sí es un préstamo del inglés to addict, "depender (de una droga)", aunque primero fue una palabra francesa hoy en desuso, que figura todavía en la edición de 1864 del Bescherelle; la adicción, término jurídico y del derecho romano, designa allí especialmente el "arresto subsidiario" ejercido sobre un sujeto debido a una deuda que no puede pagar.
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El sustantivo latino addictus, del cual deriva, significa además "deudor", después de haber tenido el significado fuerte de "esclavo por deuda". El uso metafórico que se hace de la palabra al aplicarla a una dependencia patológica restituye mucho mejor que la noción restrictiva de toxicomanía las principales implicaciones de esa sujeción en términos de privación de libertad, de ligadura excluyente, de asignación del cuerpo al lugar de objeto incautado v de insolvencia de una deuda ya sea afectiva y expresada bajo la forma de una carencia primaria insondable, o material y ligada a la búsqueda incesante de lo que podrá colmar esa carencia. Todos estos aspectos, a los cuales se agrega la vergüenza y la culpa de 'no poder prescindir de esto o aquello", se encuentran en distintos grados en las conductas adictivas. |
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Estas designan actualmente la dependencia de un sujeto a sustancias psicoactivas (alcohol, tabaco, drogas, medicamentos...) o a comportamientos patológicos repetitivos, ya se trate de trastornos alimenticios (anorexia, bulimia), intentos de suicidio múltiples, prácticas de riesgo compulsivas (juego, deporte, conductas peligrosas, compras irracionales, sexualidad desenfrenada fuera de toda relación afectiva...)
Caracteristicas de una sociedad de consumo
Este tipo de trastornos son observables en los jóvenes con una frecuencia creciente desde inicios de los años setenta, en todos los países industrializados. La avidez y la intolerancia frente a las frustraciones que reflejan a primera vista caracterizan a una sociedad de consumo marcada por ciertos rasgo
- la aspiración a la "felicidad" erigida en términos de derecho y de deber, que consagra la cultura de la imagen y de las gratificaciones materiales en espacios individuales y colectivos confrontados, como subraya Alain Ehrenberg,' al nuevo dilema entre lo posible y lo imposible, y ya no al conflicto entre lo permitido y lo prohibido
- el consumismo desenfrenado que, en nombre del "Todo se compra y todo se vende", tiende a hacer creer a los jóvenes que todo no es más que apariencia y hacerles olvidar que existen, fuera de la publicidad, otras formas de satisfacer sus necesidades materiales
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- la alimentación bulímica (de comida, conocimientos, etcétera) y la búsqueda de estimulaciones fuertes, destinadas a lograr satisfacciones inmediatas, aunque lo que se consuma luego sea vomitado en vez de asimilado:
- la desaparición de las diferencias (de sexo, generación) con su corolario, un efecto de "mimetismo" de los adultos con los adolescentes, que revela pretensiones de juventud eterna triunfante y hace retroceder el envejecimiento y la muerte a los confines de la "verdadera vida":
- en relación con lo que precede, la búsqueda de un consenso y el rechazo a los conflictos, y de todo lo que puede "significar violencia" para los individuos en su interior (sufrir, determinarse, asumir, envejecer, morir...), prefiriendo la fuga y el olvido antes que un auténtico trabajo de duelo;
- la prolongación del tiempo de la adolescencia y del de la vejez, acompañada de una distancia creciente entre la plenitud de las potencialidades nacientes o en su fase final y la inserción real, autónoma y responsable en el seno del grupo social de los individuos implicados, lo cual favorece las situaciones de dependencia duradera;
- la atenuación de las fronteras entre infancia y pubertad, adolescencia y edad adulta, edad adulta y vejez, en beneficio de la definición arbitraria de "franjas de consumidores" y la sustitución de los ritos de pasaje (administrados colectivamente y de fuerte valor iniciativo) por una multitud de seudo-ritos privados e improvisados, en los que la superación de sí mismo expone a cada uno al riesgo de franquear sus propios límites y perderse en su integridad.
Depender, gastar y consumir cosas y situaciones
Estas características de nuestra modernidad, que tienden a hacernos depender, gastar y consumir cosas y situaciones, se oponen al desafío, para los más jóvenes, de encontrar un lugar y una identidad singulares mediante la desvinculación, desde la pubertad, de los lazos con las imágenes paténtales superadas. Consagran en efecto el culto del "niño rey", considerado a la vez como un monarca cuyos derechos y necesidades de desarrollo se destacan, y tratado como un objeto precioso cuyo "valor" aumenta en proporción a su rareza (bajas tasas de natalidad), su esperanza de vida (mortalidad infantil reducida) y la "compensación" que representa a la hora en que la primacía del amor por sobre cualquier otra forma de interés matrimonial torna muy inestable la unión parental. |
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