Extasis  
 

Extasis

Ya hemos mencionado la importancia del éxtasis en el chamanismo. Entre los primeros humanos una preferencia por la experiencia de la intoxicación se aseguraba sencillamente porque ésta era extática. «Extático» es una palabra básica para mi argumentación, y de suficiente valor para que le dediquemos una atención más detallada. Se trata de un concepto obligado cuando deseamos indicar una experiencia o estado mental a escala cósmica. Una experiencia de éxtasis trasciende la dualidad; es a la vez estremecedora, hilarante, fuente de inspiración, familiar y extraña. Se trata de una experiencia que uno desea repetir una v otra vez.

En una especie con inclinación por el uso del lenguaje como la nuestra, la experiencia del éxtasis no se percibe como un simple placer, sino que, por el contrario, es increíblemente intensa y compleja. Está vinculada con nuestra verdadera naturaleza y la de nuestra realidad, nuestros lenguajes y las imágenes que tenemos de nosotros mismos. Es apropiado, por lo tanto, que esté entronizada en el centro de los enfoques chamanismo de la existencia. Como señala Mircea Eliade, el chamanismo y el éxtasis son en su raíz una sola cosa:

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Este complejo chamánico es muy antiguo; se encuentra, en su totalidad o parcialmente, entre los australianos, los pueblos arcaicos del norte y del sur de América, en las regiones polares, etc. El elemento esencial que define el chamanismo es el éxtasis. El chamán es un especialista de lo sagrado, capaz de abandonar su cuerpo y emprender viajes cósmicos «en el espíritu» (en trance). La «posesión» por espíritus, aunque muy documentada en muchos chamanes, no parece haber sido un elemento esencial y primario. Por el contrario, apunta a un fenómeno de degeneración; la meta suprema del chamán es abandonar el cuerpo y ascender al cielo o descender al infierno, no dejarse «poseen> por sus espíritus auxiliares, por demonios o por los espíritus de los muertos; el ideal del chamán es dominar estos espíritus, no verse «ocupado» por ellos.3

Gordon Wasson añade estas observaciones acerca del éxtasis:

En su trance, el chamán emprende un largo viaje –al lugar de los ancestros que han fallecido, o al mundo subterráneo, o a donde moran los dioses- y este país de las maravillas es, me permito sugerir, precisamente a donde nos llevan los alucinógenos. Son el umbral del éxtasis. El éxtasis en sí mismo no es agradable ni desagradable. La dicha o el pánico en el que te sumerge es accidental al éxtasis. Cuando estás en un estado de éxtasis, tu misma alma parece salir del cuerpo y alejarse. ¿Quién controla su vuelo? ¿Eres tú, tu inconsciente o un «poder superior»?

Extasis

Quizás esté totalmente oscuro, pero ves y oyes con más claridad que nunca. Estás finalmente cara a cara con la Verdad Definitiva; se trata de una impresión (o ilusión) arrolladora que te atrapa. Puedes visitar el infierno, los campos Elíseos de Asfodel, el desierto de Gobi o las inensidades árticas. Conoces el asombro, la dicha y el miedo, incluso el terror. Cada uno experimenta el éxtasis a su manera, y nunca dos veces del mismo modo. El éxtasis es la auténtica esencia del chamanismo. El neófito del gran mundo asocia el hongo principalmente con las visiones, pero para aquellos que conocen el lenguaje indio del chamán, los hongos «hablan» a través del chamán. El hongo es el Verbo: es habla, como me dijo Aurelio. El hongo confiere al curandero lo que los griegos llaman Logos, el vac ario, el Kavya védico, la «potencia poética», como dice Louis Renous. El divino afflatus de la poesía es el don del enteógeno. El exégeta textual que sólo tiene habilidad para diseccionar los significados que hay tras los versos es por supuesto indispensable, y debemos prestar atención a sus astutas observaciones, pero hasta que no reciba la gracia de Kavya, haría bien en ser prudente a la hora de discutir los más altos logros de la poesía. Disecciona los versos, pero no experimenta el éxtasis, que es el alma de dichos versos. 4

3. Mircea Eliade, Yoga: Immortality and Freedom (Nueva York: Pantheon, 1958), pág. 320.

4. R. Gordon Wasson, The Wondrous Mushroom: Mycolatry in Mesoamerica (Nueva York: McGraw-Hill, 1980), pág. 225.

Fuente: El manjar de los Dioses, Terence Mc Kenna, Ediciones Paidos. Barcelona – Buenos Aires – México 1993.

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