Hachis y Canabbis  
 

Hachís

El hachís tiene miles de años de antigüedad, aunque el momento en que los seres humanos empezaron a juntar y concentrar la resina del Cannabis de este modo no está claro. El acto de fumar los derivados del Cannabis, el modo más rápido y eficaz de experimentar sus efectos, llegó a Europa más bien tarde. De hecho, el mismo acto de fumar sólo se introdujo en Europa cuando Colón volvió con tabaco tras su segundo viaje al Nuevo Mundo.

Se trata de algo notable: un importante patrón de comportamiento era desconocido en Europa hasta hace relativamente muy poco. Hemos de indicar que los europeos parecen por lo general resistentes al desarrollo de estrategias novedosas concernientes al uso de la droga. Por ejemplo, el enema, otro medio para administrarse fuertes extractos de planta, fue también desarrollado en el Nuevo Mundo por indios de la jungla amazónica ecuatorial que conocían el caucho natural. Su desarrollo permitió experimentar con plantas cuyos efectos o gusto eran desagradables al ingerirse oralmente.

Hachis y Canabbis

No es posible establecer con certeza cuándo se fumó por primera vez el Cannabis, o si el acto de fumar fue alguna vez una parte del repertorio cultural de los pueblos del Viejo Mundo que después se perdió, sólo para introducirse de nuevo desde el Nuevo Mundo en tiempos de la conquista española. Dado que fumar era algo desconocido para los griegos y los romanos, pudo haber florecido en el Viejo Mundo en tiempos prehistóricos. Las excavaciones arqueológicas de Non Nak Tha en Tailandia han descubierto, en tumbas datadas en el año 15.000 a.C., los restos de huesos de animales que parecen haber albergado material vegetal quemado repetidas veces en sus huecos. El instrumento favorito para fumar el Cannabis en India, incluso hoy en día, es el chelum, un sencillo tubo de madera, cerámica o piedra pómez relleno de tabaco hachís. Durante cuánto tiempo los chelums se han usado en la India, aún un tema de debate, pero hay pocas dudas sobre la eficacia del método.

1. Véase Robert P Walton, Marijuana: America's New Drug Problem (Filadelfia: J. B. Lippincott, 1938), págs. 188-195.

Cannabis

El historiador romano de la naturaleza Plinio (23-79 d.C.) reproduce fragmento de Demócrito referido a una planta denominada thaegle o potamaugis, que muchos estudiosos creen que se refiere al ca mbáis:

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Beberla produce delirio, el cual presenta extrañas visiones de la más extraordinaria naturaleza. La cheangelis, dice, crece sobre el monte Líbano en Siria, sobre la cadena de montañas llamada Dicte en Creta y en Babilonia, y Susa en Persia. Una infusión de ella imparte poderes de adivinación a los magi. La gelotophyllis es también una planta que se encuentra en la Bactriana y en las riberas de los Boristenes. Si se ingiere con mirra y vino toda suerte de formas visionarias se presentan por sí solas y llevan a la risa más inmoderada. 6

Dioscórides, que escribió en el siglo I, da una excelente descripción del Cannabis y describe su uso en el arte de hacer cuerdas y en la medicina, pero nada dice de sus propiedades intoxicantes. Puesto que el cli-. ma favorecía el crecimiento del cáñamo y el Islam alentaba su uso frente al del alcohol, en el mundo árabe y en Oriente Próximo el Cannabis e se convirtió para muchos en el intoxicante preferido. Esta predilección por el hachís y el Cannabis era ya muy antigua en tiempos del Profeta, que explica por qué el alcohol estaba explícitamente prohibido a los fieles y el hachís era tema de disputa teológica. Alrededor del 950 d.C. el uso y el abuso del hachís se difundió lo suficiente como para ocupar una posición destacada en la literatura del período. Un perfecto compendio de las actitudes de la sociedad dominante hacia el Cannabis se aprecia en lo que sigue, una de las primeras descripciones que poseemos de un comportamiento adictivo con la planta:

Un sacerdote musulmán que estaba sermoneando en la mezquita contra el uso del «vena», una planta cuya cualidad principal es intoxicar e inducir al sueño, se dejó llevar a tal extremo por la violencia de si exhortación que un papel que contenía un poco de la prohibida droga que a veces lo tenía esclavizado cayó de su pecho frente a la audiencia El sacerdote, sin perder la compostura, gritó de inmediato: «Aquí esta el enemigo, el demonio del que os he hablado: la fuerza de mis palabra lo ha hecho volar, vigilad que al abandonarme no se introduzca en ninguno de vosotros y lo posea». Nadie se atrevió a tocarlo; tras el sermón. el celoso sofista recupero su «beng». 7

Como esta historia nos demuestra, el ego del monoteísta es capaz de las más extraordinarias hazañas de autoengaño.

El Cannabis y el lenguaje de la historia

El Cannabis es una planta de múltiples aplicaciones: pronto llamó la atención de los cazadores-recolectores como fuente de fibra para tejer y hacer cuerdas. Pero, a diferencia de otras plantas propias para ello -el lino del Asia central o el chimbira del Amazonas-, el Cannabi3 es también psicoactivo. En este contexto, es interesante destacar que el vocabulario referido al discurso hablado es a menudo el mismo que se utiliza para describir la fabricación de la cuerda y el tejido. Uno teje una historia, hilvana un argumento o sigue el hilo. Las mentiras se confeccionan, la realidad es una trama eterna. ¿Refleja este vocabulario compartido una antigua conexión entre la planta intoxicante del cáñamo y los procesos intelectuales que subyacen al descubrimiento del arte de tejer y contar historias? Sugiero que puede ser así. El Cannabis es el mejor candidato para reemplazar a los hongos sagrados de la psilocibina de las antiguas culturas de Oriente Próximo. Aunque dicha transición desde los hongos al Cannabis se remonta al pasado, su legado a la presente era es la asociación del Cannabis con el estilo de la sociedad fraternal. Y, en realidad, la creciente presencia del Cannabis en la sociedad védica y posteriormente en el Islam puede que actuara como freno al ascenso de los valores dominantes. Ciertamente alentó a las fuerzas heterodoxas -shivitas, en el caso del hinduismo, y sufís, en el del Islam-, que no ocultaron su asociación con el Cannabis como fuente de inspiración religiosa de carácter, en su caso, particularmente femenino.

El papel del Cannabis en la sociedad europea es complejo. Marco Polo cuyas hazañas y descripciones de viajes del misterioso Oriente tanto hicieron por catalizar y enriquecer la imaginación europea, nos ofrece una de las primeras y más leídas descripciones del uso del hachís, cuando repite el popular cuento de «El viejo de la montaña», Ibn Sabah, reputado líder del violento culto de los hashishin, la infame secta de los asesinos. Según la leyenda, los jóvenes que querían iniciarse en- la secta recibían grandes dosis de hachís y luego eran introducidos en un «paraíso artificial», un oculto valle de jardines florales exóticos, surtidores y jovencitas núbiles. Luego se les decía que retornar a esta nerra de ensueño sólo era posible tras llevar a cabo ciertos actos de criminalidad política. Por ello se cree que las palabras «hashishin» y «acecino» están etimológicamente emparentadas. La verdad de esta historia ~ muy discutida, pero no hay duda de que fue la circulación de este _elato en Europa la que otorgó su leyenda negra, así como su fascinación, al Cannabis.

Unos quinientos años después de Marco Polo, la administración francesa del Egipto napoleónico fracasó en sus intentos de control de la producción y comercio de las preparaciones de Cannabis. En respuesta a un bando sobre su venta, contrabandistas griegos empezaron pronto un lucrativo negocio clandestino consistente-en importar hachís a Egipto.

Militarmente, la expedición de Napoleón a Egipto fue un fracaso, pero como esfuerzo de fertilización cruzada dé culturas dispares fue un éxito clamoroso. Napoleón llevó consigo a Egipto una excelente biblioteca y 175 eruditos que observaron, hicieron esbozos y recogieron información lingüística y cultural. Este esfuerzo dio como resultado final la publicación de veinticuatro volúmenes (Description d'Égipte) entre 1809 y 1813. Estos volúmenes inspiraron una amplia variedad de libros de viajes y en general fueron un gran estímulo para la imaginación europea.

6. Citado en Walton, op. Cit., pág. 8

7. J. F. de Lacroix, Anecdotes Arabes et Musulmanes, Depuis lAn de J. C 614 (París: Vincent, 1772), pág. 534.

Fuente: El manjar de los Dioses, Terence Mc Kenna, Ediciones Paidos. Barcelona – Buenos Aires – México 1993.

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