Educación antidrogas  
 

Modelo ético-legal de educación antidrogas

Conceptualización vinculada a los profesionales del derecho y de la seguridad. Según los planteamientos teóricos de este enfoque, las causas residen en las actitudes antisociales y/o inmorales de ciertos grupos delictivos; considerando el problema, básicamente, como cualquier acto delictivo que requiere una intervención basada en la sanción legal de los mismos.

Este modelo no profundiza en un análisis detallado de las drogodependencias y de los procesos determinantes, de tal modo que las drogodependencias no son su objeto de interés; las drogas y su consumo son importantes y requieren su atención en la medida en que se presentan como causantes de graves daños a los individuos y a la sociedad.

La intervención preventiva se sustenta en medidas que presentan un carácter represivo y punitivo, operando a través de los sistemas legislativo, judicial y policial.

Modelo médico de educación antidrogas

Conceptualización que se elabora por los profesionales de la salud que han tenido que afrontar los problemas de salud generados por el consumo de drogas. Considera las toxicomanías como enfermedades en sí mismas, caracterizadas por una irreversible pérdida de control sobre el alcohol o la sustancia causante de dependencia. Para esta conceptualización las causas son básicamente personales y por las características farmacológicas de los productos. Se considera el riesgo de que un consumo inicialmente ocasional de drogas causante de dependencia pueda incrementar su frecuencia llegando a producir una toxicomanía.

Educación antidrogas Este modelo, respecto a la intervención preventiva, parte del valor que todas las personas conceden a la salud, y considera que la educación para la salud, entendida básicamente como información objetiva sobre los efectos nocivos de determinadas drogas sobre el organismo, va a incidir en la modificación de actitudes y en el cambio de comportamiento, evitando su uso y abuso.

Modelo sociocultural de educación antidrogas

Los problemas asociados a la droga se deben fundamentalmente a unas condiciones socioeconómicas y culturales precarias, siendo difícil cualquier estrategia preventiva que no modifique previamente las condiciones socioestructurales.

Es un modelo fundamentalmente ambientalista, destacando la influencia del entorno en la conducta del individuo, en el que pueden pesar elementos sociológicos (pertenencia a un grupo o subcultura), económicos (marginalidad social) y culturales (costumbres y tradiciones) de todo tipo.

Este modelo considera la existencia de una subcultura específica de la droga, conceptualizada en términos de su separación y aislamiento con respecto a las normas sociales convencionales. De esta forma, el sujeto queda vinculado a su entorno y a la realidad social en la que vive y queda definido en función de su pertenencia a un determinado grupo social. Así, la génesis del consumo remite directamente a los aspectos estructurales y funcionales de la pertenencia a dicho grupo social o con identidad propia.

Modelo psicológico o psicosocial de educación antidrogas

Considera la drogadicción como un problema de comportamiento humano en unos contextos sociales y culturales complejos y variables. Las actuaciones preventivas intentan poner al descubierto factores causales subyacentes de tipo personal y descubrir factores psicosociales: carencia de cohesión familiar, presiones de grupo, crisis de identidad en la adolescencia, falta de comunicación, etc., supuestamente relacionados con el consumo de drogas.

Realmente podría ser más adecuado hablar de «modelos psicológicos o psicosocialesh, pues desde la psicología se han planteado muchas teorías, enfoques o modelos con énfasis distinto en alguno de los elementos considerados importantes para explicar el origen, mantenimiento y desarrollo de la conducta y de forma particular de la naturaleza del consumo de drogas.

De forma más reciente desde la psicología se intenta superar los modelos sectoriales planteándose un abordaje más global del problema desde una perspectiva integradora (modelo bio-psico-social). Así, junto a los componentes cognitivos y afectivos, se consideran los aspectos ambientales que definen la realidad social en que se enmarca el sujeto, incluyendo asimismo sus componentes biológicos (Botvin, 1986; Santacreu, Zaccagnini y Márquez, 1992).

Dentro de este modelo, una de las orientaciones que ha generado mayor número de aplicaciones en los últimos años es la conductual-comunitaria. Este submodelo conductual integrador por su confluencia con el de salud pública proporciona la base teórica de los programas de intervención coraportamental-educativos (Maciá, Méndez y Olivares, 1991).
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