Tabaco  
 

Fumar Tabaco

Se han propuesto distintas teorías explicativas acerca de la conducta de fumar. Sin embargo, hay que diferenciar entre lo que es la adquisición de la conducta de fumar y la consolidación del consumo. En un apartado posterior analizaremos ampliamente los procesos de adquisición consolidación de la conducta de fumar, que precisamente se dan en la adolescencia.

Respecto a las teorías explicativas que tradicionalmente se han apuntado, las primeras han sido las farmacológicas, dado el papel que tiene la nicotina en producir dependencia. Estas teorías, aun incluyendo los factores de regulación del afecto, son reduccionistas y hoy día no son las que están en boga. Otras teorías han apuntado el papel que tiene fumar como estrategia de afrontamiento o como herramienta psicológica. Cuando la persona fuma se incrementa su concentración; mejora su ejecución psicomotora, alerta y activación; siente placer y una reducción de la tensión y de la ansiedad. Pero los no fumadores rinden igual o mejor que los fumadores v sin fumar. Por ello, los fumadores precisan el tabaco para rendir a un nivel adecuado mientras que los no fumadores, sin nicotina, rinden normalmente. En la misma línea otras teorías se han centrado en el papel que tiene la nicotina v los factores de condicionamiento asociados con fumar, en regular la activación, disminuyéndola o aumentándola, para mantener un nivel homeostático en el fumador.

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Con menor poder explicativo y más desacreditadas están las teorías genética y psicoanalítica. Hoy no hay evidencia para sostener que haya una causa genética para el consumo de cigarrillos. Desde el psicoanálisis se ha apreciado claramente la imposibilidad de verle utilidad al mismo para explicar esta compleja conducta. Las teorías de la personalidad han tenido un papel semejante, y sólo existe alguna evidencia, como veremos más adelante, para el constructo extraversión.

En suma, las teorías simplistas para explicar la conducta de fumar resultan hoy totalmente insatisfactorias. Dado que en la conducta de fumar están implícitos multitud de factores: sociales, económicos, familiares, psicológicos, farmacológicos, políticos, publicitarios, etc., hay que tener todos ellos presentes. En los siguientes apartados vamos a ir analizando más detenidamente esta conducta introduciendo todos aquellos factores que permiten explicarla adecuadamente.

Principales componentes del tabaco

En el humo de los cigarrillos existen más de 4.000 componentes. Los más importantes son la nicotina, el alquitrán y el monóxido de carbono.

La nicotina es el alcaloide que contiene la planta del tabaco. Se sintetiza en forma de líquido, es oleaginoso e incoloro y se disuelve fácilmente en agua y alcohol, pasando del color amarillo al pardo oscuro en contacto con estos líquidos.

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La nicotina ingerida por el organismo produce una fuerte adicción, por lo que su falta produce el «síndrome de abstinencia de la nicotina». En estado puro es una sustancia muy peligrosa. La dosis tóxica en el hombre está entre 10 y 20 mg y la letal entre 0,5 y 1 mg de nicotina por kilo de peso. En adultos las muertes por intoxicación son poco frecuentes porque en la combustión de los cigarrillos se destruye una importante cantidad de nicotina, inhalándose sólo una parte que se absorbe fundamentalmente por el tracto respiratorio, mucosas bucales y árbol bronquial. El exceso de nicotina produce una intoxicación cuyos síntomas son vómitos, diarrea, silorrea, etc., que sirve como señal de alarma. Las muertes esporádicas en fumadores de pipas se producen cuando la nicotina allí depositada ha fermentado por falta de limpieza de la misma.

La nicotina actúa principalmente sobre el sistema circulatorio, provocando entre otras las siguientes alteraciones: taquicardia, vasoconstricción periférica, cambios en el funcionalismo miocárdico tales como aumento del automatismo de la célula cardiaca, depresión de la conducción y disminución del umbral de fibrilación ventricular, aumento transitorio de la presión arterial e incremento de la agregación plaquetaria.

El alquitrán es una sustancia untuosa, de color oscuro, olor fuerte y sabor amargo, muy nocivo para la salud y uno de los principales componentes sólidos del cigarrillo. Se desprende fundamentalmente de la combustión del papel del cigarrillo y en menor medida del tabaco. Es el responsable de la mayor parte de los cánceres que produce el tabaco.

El monóxido de carbono es un gas incoloro, muy tóxico (es ( . l que se desprende de los escapes de los coches), que se produce en la combustión del tabaco y del papel del cigarrillo. En la sangre se combina con la hemoglobina y forma la carboxihemoglobina, sustancia que desplaza el oxígeno de los hematíes e impide así un adecuado abastecimiento de oxigeno a los distintos tejidos y órganos. Este gas es el que incide más acusadamente en el feto y es el responsable del bajo peso del niño al nacer y de diversas lesiones en hijos de madres fumadoras. Igualmente es el factor de mayor responsabilidad en producir los infartos de miocardio, muerte súbita, arteriosclerosis y enfermedades respiratorias crónicas.

Además de los anteriores componentes, el tabaco contiene otras sustancias como azúcares, celulosa, sustancias pectilas, o aminoácidos, ceras y resinas, etc. Entre los componentes, más nocivos destacan el benzo-a-pireno, el óxido nitroso, el cianuro de hidrógeno, etc.

Incidencia del tabaquismo en el desarrollo y salud física

El tabaquismo es la principal causa prevenible de enfermedad y muerte prematura en países del mundo occidental. Se ha estimado que el 10 por 100 de los ingresos hospitalarios son debidos al tabaco. En los últimos veinte años han proliferado las investigaciones sobre el tabaquismo y su relación con trastornos de toda índole y gravedad: cáncer de pulmón, enfermedades respiratorias, trastornos cardiovasculares, alteraciones digestivas, etc. En la tabla 1.1 podemos ver los trastornos más importantes relacionados con fumar que producen muertes prematuras en adultos y las enfermedades pediátricas en bebés de menos de 12 meses relacionadas con el consumo de tabaco de sus padres.

Las primeras exposiciones de los niños al humo del tabaco pueden provenir del consumo de cigarrillos de los padres, siendo entonces considerados estos niños como fumadores pasivos, es decir, que están inhalando el humo del tabaco sin desearlo. Está comprobado que fumar tiene unos efectos nocivos sobre el feto, posiblemente a través de la reducción de la circulación sanguínea placentaria y del aporte de oxígeno causado por la nicotina y la carboxihemoglobina. Los efectos se manifiestan en una reducción del peso de los recién nacidos respecto a los de madres no fumadoras (unos 200 gramos menos de media), así como en la mayor proporción de prematuros, que es de dos a tres veces mayor entre las madres que fuman. El riesgo de mortalidad perinatal aumenta con el consumo de tabaco de la madre, siendo mayor cuanto mayor número de cigarrillos fume. Actualmente no fumar está considerado el factor más importante en la prevención del síndrome de muerte infantil repentina.

Este panorama se agrava aún más si los padres continúan fumando una vez que el niño ha nacido, teniendo un mayor riesgo de padecer problemas pulmonares, tales como asma y bronquitis, así como de ser hospitalizados por estos trastornos un número significativamente mayor de veces que niños cuyos padres no fuman. Los niños que viven con adultos fumadores pasan más días enfermos en la cama. Algunos estudios han encontrado incluso una mayor incidencia de cáncer de pulmón entre no fumadores cuya madre era fumadora.

Es tanta la evidencia que hoy en día poseemos sobre lo peligroso y dañino que un ambiente con humo de tabaco puede ser para los niños que algunos Juzgados de Familia en los Estados Unidos han empezado a tener en cuenta para decidir la custodia de los hijos si éstos tendrán que vivir en una casa con fumadores. Incluso estos juzgados han empezado a prohibir fumar a los padres en presencia de sus hijos, llegando a negar la custodia a unos padres que no estaban dispuestos a dejar los cigarrillos. Aunque pueden parecer muy extremas, este tipo de medidas legales generan publicidad sobre los riesgos del fumador pasivo, proporcionan un incentivo para que los padres dejen de fumar y protegen la salud de los niños.

El riesgo a que están sometidos los niños que son fumadores pasivos se incrementa debido al hecho de que los hijos de fumadores tienen una mayor probabilidad de ser ellos mismos fumadores en el futuro. Una vez que los adolescentes empiezan a fumar, se notan inmediatamente los efectos perjudiciales del tabaco, desde una mayor incidencia de caries hasta trastornos vasculares como una disminución en el C-HDL, que al tener un efecto protector sobre la cardiopatía isquemia incrementa el peligro de padecer este trastorno entre los fumadores. También se ha encontrado que una exposición al tabaco entre los 15 y 26 años está relacionada con la esofaguitis crónica, considerada precursora del cáncer de esófago.

Entre los adolescentes que padecen algún trastorno, tales como el asma o la diabetes, fumar es uno de los hábitos más perjudiciales, y aún la prevalencia del tabaquismo entre estos jóvenes es tan elevada como entre los que no padecen dichas enfermedades. En los diabéticos, fumar está asociado con el desarrollo y progresión de daño renal temprano y con el empeoramiento de trastornos en la retina. Esto nos lleva a considerar la urgente necesidad de políticas anti-tabaco y de de una buena educación sanitaria, sobre todo en los individuos de alto riesgo. Asimismo, se ve la necesidad no sólo de campañas preventivas, sino de tratamientos para que los más jóvenes consigan dejar el tabaco, si es que queremos prevenir una serie de graves trastornos, tanto cardiovasculares como respiratorios, en la edad adulta.

Se ha sugerido por algunos autores que para disminuir los riesgos de los fumadores que no quieren abandonar el habito se les deberían recomendar algunas estrategias, tales como consumir menos cigarrillos, de una marca con el menor contenido posible de nicotina y alquitrán y, aún mejor cambiar los cigarrillos por el consumo de pipas, puros o alguna forma de tabaco sin humo (mascado). Sin embargo, cada vez existe más evidencia apuntando a que lo importante para disminuir el riesgo de cáncer y otros trastornos relacionados con el tabaco es el hecho de si se inhala o no el humo de estos productos. Así, se ha encontrado que existe el mismo riesgo de padecer enfermedad pulmonar obstructiva crónica independientemente del tipo de tabaco que se consuma y que hay un incremento de padecer algunos tipos de cánceres entre los fumadores de pipas y puros como el de esófago y el de boca. Asimismo, numerosos estudios han encontrado una estrecha correlación entre el cáncer de pulmón y fumar puros y pipas, correlación que se incrementa citando se inhala el humo y cuando se fuman más de vl1u w puros y/o pipas al día.

Debido a que estos productos de tabaco producen emisiones de benzeno y benzo-a-pireno excesivas y perjudiciaIes, se comienza a solicitar que los puros y el tabaco para pipa se sometan a la misma legislación que los cigarrillos, tanto en cuanto a la publicidad como en las advertencias sanitarias sobre los riesgos de consumir pipas y puros.

No debemos finalizar sin indicar que en el consumo de tabaco es muy importante la relación dosis-respuesta; esto es, a mayor consumo de tabaco, mayores molestias; mayor riesgo para la salud y, por tanto, mayor necesidad de intervenir en las personas que más fuman.

Fuente: Tabaco y salud, Ediciones Pirámides. Madrid 1994

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