El usuario puede tener reacciones anormales y asumir tareas repetitivas, como desarmar y armar alguna maquinaria, o bien escarbar su piel buscando insectos imaginarios
El consumo de anfetaminas por vía intravenosa incrementa la posibilidad de infecciones, así como de contagio de enfermedades como hepatitis y SIDA si se comparten jeringas con otros consumidores.
Después de un tiempo bajo los efectos de la droga se alcanza un agotamiento que lleva a un estado de torpeza y adormecimiento, al que puede seguir un sueño largo y profundo. Al despertar, se presenta una profunda depresión, que en algunos casos puede llevar al suicidio.
Las sensaciones que se buscan al usar las anfetaminas disminuyen cuando el consumo es crónico, por lo que los usuarios tienen la necesidad de aumentar la dosis para alcanzar los efectos deseados.
El consumo prolongado además de desarrollar una fuerte dependencia, puede facilitar la aparición de trastornos mentales, como la psicosis, presentándose temores infundados y en algunas ocasiones, delirio de persecución, asimismo, se puede experimentar ilusiones y oír voces.
Por lo general el consumidor crónico pierde interés por lo que le rodea, su familia y su cuidado personal, lo que es especialmente peligroso en madres de niños pequeños, ya que dificulta que les brinden el cuidado y la atención requeridos. |