A nivel social existen fenómenos que se articulan. La drogodependencia no tiene autonomía en relación a la oferta de sustancias que hay en el mercado, a la crisis socioeconómica y sus consecuentes estrategias de sobrevivencia, al narcotráfico y a los enormes intereses políticos y económicos que conlleva.
Un análisis exhaustivo excedería las posibilidades y pretensiones de este trabajo. De todas formas, pensar en la temática implica al menos ser consciente de las variables que están en juego, de no hacerlo nuestra visión será parcial, ingenua y acotada.
Para entender las drogodependencias
Hoy día han cambiado sustancialmente las coordenadas desde donde entender las adicciones. La caída de los paradigmas caracterizados por la dicotomía y la unicausalidad dan lugar a modelos multidimensionales e interdisciplinares:
Como forma de facilitar el análisis de los distintos factores que participan en el uso indebido de sustancias, podemos pensar el fenómeno de la drogodependencia como un sistema integrado por tres elementos indisolubles y en estrecha relación dialógica: droga-persona-medio. Se trata del "encuentro entre una persona, un producto y un momento sociocultural. Uno puede tener una apetencia toxicómana, pero si no encuentra el producto nunca llegará a desarrollarla. Uno puede aún tener una apetencia y encontrar el producto, pero si la imagen representativa e identificatoria de la ley es suficientemente fuerte no transgredirá o bien, si transgrede, lo hará de manera ocasional y se detendrá" (Olievenstein, 1988 p. 20).
Brevemente diremos que en el subsistema droga, tendremos en cuenta su tipo, el potencial adictivo de la sustancia, el grado de disponibilidad en el mercado, la vía de administración, dosis y frecuencia de consumo.
Al hablar de la persona debemos establecer el tipo de relación que establece con la droga, ya que existen distintos tipos de consumidor: experimental, ocasional, habitual y crónico.
Un determinado comportamiento, como puede ser una conducta adictiva, emerge, se desarrolla, y se mantiene dentro de determinado contexto social. El medio es el contexto de referencia y pertenencia donde la persona desarrolla su cotidianeidad, aquí aludiremos a los aspectos familiares, comunitarios y sociales.
Cualquier intervención que se realice en el tema, ya sea preventiva o terapéutica, deberá tener en cuenta estos subsistemas intervinientes. De no ser así la acción estará parcializada, limitada, y condenada al fracaso.
No hay dudas que asistimos a un problema colectivo, que trasciende la esfera personal. Partiendo de la concepción de drogodependencia como problema social, será allí donde deberán gestarse las respuestas y alternativas de solución. Es en este sentido que adquiere principal relevancia el camino de la prevención.
¿Qué es la prevención?
De manera genérica podemos definirla como las distintas estrategias que una comunidad ensaya para anticiparse a la aparición de fenómenos no deseados, a fin de evitarlos o reducir su presencia a mínimos socialmente aceptados. Delicada intervención que busca anticiparse a un fenómeno que de hecho ya está sucediendo, donde coexisten propuestas diferentes sustentadas en diversos mareos teóricos que emplean metodologías disímiles, todas ellas cobijadas bajo el concepto de prevención.
Abocados a esta tarea encontramos variedad de actores sociales: médicos, psicólogos, educadores, trabajadores sociales, ex consumidores y policías.
Tal situación da cuenta que la prevención no es un quehacer específico y/o exclusivo de determinado perfil profesional. No existe la figura del "preventor", entendido como aquel experto que toma sobre sí la responsabilidad de prevenir el uso indebido de drogas.
A1 respecto pensamos que todos aquellos que se sientan convocados tendrán algo que aportar; cada quien desde su especificidad profesional y personal, en una dialéctica articúladora de saberes, constructora de subjetividades y generadora de acciones, genuinos motores de la prevención comunitaria.
De todas maneras, habrá que ser cuidadosos teniendo en cuenta la distribución de funciones y competencias que corresponden a los diferentes actores, instituciones y colectivos involucrados. Ni todos pueden hacer de todo, ni a todos le corresponden las mismas tareas.
De acuerdo a donde apuntemos en nuestra tarea preventiva, son conocidos los distintos niveles de prevención que podemos distinguir: primaria, secundaria y terciaria (Caplan, 1985). También podemos hablar de prevención específica e inespecífica. La primera trabaja en torno a elementos básicos como ser clasificación, características y efectos de las drogas, factores etiológicos, percepción social, prevención, rehabilitación y reinserción. La segunda, sin centrarse directamente en las sustancias y su consumo, pone énfasis en aquellos factores que pueden estar condicionando su uso indebido: utilización del tiempo libre, búsqueda de sensaciones, modelos identificatorios, modelos vinculares, comunicación familiar, proyectos de vida, autoestima.
Estas orientaciones que guían la tarea preventiva, lejos de constituirse en oposiciones, se complementan. Por tanto, conforme sea la tarea a realizar habrá que articularlas e integrarlas.
Fuente: Adicción, Cuadernos de la Coordinadora de Psicólogos del Uruguay, Montevideo 2001