En materia de capacitación hay muchos malos entendidos. No se suele diferenciar entre la capacitación en temas ideológicamente neutrales y aquella vinculada a temas comprometidos con determinados sistema de valor. La planificación familiar, la anticoncepción y la sexualidad humana son asuntos fundamentalmente polémicos y controversiales. Procurar tratarlos como si tuvieran el mismo status que los temas vinculados, por ejemplo, a la salud materno-infantil es la mejor manera de no capacitarnos. No basta con la adquisición de información.
Para movernos con mayor soltura en este terreno es conveniente distinguir cuatro acepciones posibles del concepto de capacitación.
1) Como aprendizaje: adquisición de conocimiento, aumento del capital de saberes en relación a un tema. Es una capacitación intelectual o teórica. Es el concepto más difundido, pero no siempre el mejor. Por ejemplo, muchas campañas informativas en materia de SIDA no prosperan porque no calan más allá de lo informativo. Las conductas y las actitudes siguen intocables; la gente sigue viviendo y actuando como antes a pesar de que dispone de toda la información.
2) Como adiestramiento: adquisición o incorporación de destrezas o habilidades. Toda persona que se interese en realizar alguna tarea, además del conocimiento teórico e información intelectual, adquirirá destrezas y habilidades.
3) Un concepto afín es el de entrenamiento, que comporta una integración de lo adquirido por el aprendizaje y el adiestramiento, en forma de hábitos que permitan un manejo fácil, idóneo, automático y económico de los conocimientos y las destrezas. Le podemos llamar la «capacitación práctica». Conocimiento intelectual y destreza pragmática, hábilmente unidas, conducen a la idoneidad.
|
|
|

4) Pero en temas controversiales y polémicos lo más importante es la capacitación en sentido estricto; es decir, el proceso por el cual el aprendizaje, adiestramiento y entrenamiento se ponen al servicio de determinados valores, fines y objetivos. Es decir, la llamada «capacitación formativa» o formación.
De esta manera contraponemos saberes informativos, cuya peculiaridad es que son externos a nosotros (los tenemos como un abrigo que nos ponemos y sacamos con facilidad), con el conocimiento formativo, que es el que nos transforma y nos hace portadores de un tipo de saber decididamente vinculado a algún compromiso valorativo o acción.
|
Es imposible manejar temas como la anticoncepción sin tomar posición y aquí se requiere de una capacitación con un profundo sentido ideológico. En estas materias no se puede ser ni neutral, ni laico. Ser laico implica no comprometerse en el tratamiento de los temas complicados, que son los que importan. Se realiza una especie de destilación fraccionada y todo lo polémico, lo que tiene connotaciones ideológicas, valorativas, religiosas, morales y políticas, es dejado de lado para evitar problemas.
Habitualmente se habla de «salud sexual y reproductiva». En realidad, no hay modo de separarlas: son la misma cosa. Cuando se enfatiza la salud reproductiva lo ha hecho el cuerpo médico a lo largo del siglo es porque se quiere evitar tratar con la salud sexual, que es la complicada y problemática. Por ejemplo, podemos estar totalmente de acuerdo con el Papa sobre los problemas biológicos reproductivos, pero cuando se trate de hablar de esterilización, aborto, anticoncepción, surgirán las discrepancias. ¿Cuál es la razón? La salida del ámbito de lo biológico y el ingreso en lo sexual, erótico, sensual, amoroso, campo que aunque se hace a través de la biología, la supera en mucho. Hay que acentuar que en este tema más que de salud sexual y reproductiva (en el sentido de la salud como estado de bienestar psíquico, físico y social), se trata de los derechos sexuales y reproductivos, entendidos como derechos concretos, humanos.
Los derechos sexuales son un tipo de derechos humanos generalmente no asumidos. Todos coincidimos en que la vivienda, la salud, la alimentación y la enseñanza son derechos humanos, pero también el acceso a una plenitud sexual, no interferida por prejuicios, tabúes y dogmas es un derecho. Y como en el resto de los casos el problema es su cumplimiento.
Fuente: Iniciando un Camino, Ministerio de Salud Pública de la Republica Oriental del Uruguay, Fondo de Población de las Naciones Unidas, Montevideo 2000
|