- Justamente de eso queríamos hablar, doctor. Deseamos disfrutar del primer año de vida de nuestro bebé con dedicación exclusiva; es decir, no queremos tener otro hijo tan seguido. Sería interesante recordar aquella charla que tuvimos juntos, cuando recién nos casamos. Recuerdo que usted nos explicaba sobre el funcionamiento de nuestro organismo y cómo aumentar las probabilidades de quedar embarazada. Nos resultó muy útil saber cómo manejar nuestro cuerpo; ahora queremos evitar, por un tiempo, un nuevo embarazo.
- Por supuesto que me acuerdo de aquella conversación. El planteo es sencillo: si para conseguir un embarazo debo procurar aumentar las probabilidades de que se encuentren el óvulo y el espermatozoide, para evitarlo debo tender a disminuirlas. Conste que digo "probabilidades", puesto que de eso se trata, de una cuestión de probabilidad.
Salud física y mental de la pareja
En primer lugar, el método debe elegirse teniendo en cuenta su inocuidad; es decir, que no produzca ningún daño. Aunque esta premisa parezca obvia, resulta imperioso remarcar que todo método, por más natural que sea, implica un riesgo -a veces mínimo- para la salud física o mental de la pareja. Lo que se debe valorar es la relación entre el beneficio y dicho riesgo. Por ejemplo, un método tan inofensivo como la abstinencia periódica puede traerles perturbaciones emocionales, pues lleva implícito pautar el momento de sus relaciones sexuales. Lamentablemente, en la medida que aumenta la seguridad de un método anticonceptivo, también lo hacen sus efectos adversos. Por eso, si se busca seguridad, debe saberse que -en líneas generales- ello disminuye la inocuidad y viceversa.
La eficacia de los métodos se valora con un índice. Se considera eficaz cuando este índice es menos de 10; medianamente eficaz, cuando oscila entre 10 y 20; poco eficaz, si varía entre 20 y 30 e ineficaz cuando es superior a 30. También es importante tener en cuenta la reversibilidad; es decir, la recuperación de la capacidad reproductiva inmediatamente después de suspendido.
Por último, debe atenderse el grado de aceptabilidad y tolerancia, lo que depende de muchas variaciones individuales. En este punto entran en juego la motivación y los efectos colaterales. Es bastante frecuente la ambivalencia de la mujer en esta situación: la decisión de evitar un embarazo se contrapone a su necesidad instintiva de crear vida. Las trampas que se hacen a sí mismas suelen ser comunes; es así como suceden los "olvidos" de la toma de pastillas, los errores de cálculo del ciclo, los diafragmas mal colocados o, simplemente, el hecho de creer que "esta vez no pasará nada". Como expresión de este conflicto aparece el rechazo a tener "un cuerpo extraño adentro" -en referencia al DIU-, cuando en realidad existen otras prótesis (dentarias, mamarias, etc,) que también constituyen un "cuerpo extraño" y no reciben este rechazo. Por otra parte, puede observarse el temor que ocasiona en algunas mujeres la toma diaria de anticonceptivos orales, un temor que no se presenta ante la toma de cualquier otra medicación por motivos menos importantes aun.
¿Cuál es el método anticonceptivo más adecuado?
El preservativo, en primer lugar se puede impedir que el varón vierta su esperma, y eso se consigue colocando una funda que cubra el pene y atrape el líquido seminal, impidiendo su entrada en la vagina. Este método, si bien fue creado para evitar infecciones transmisibles sexualmente (de ahí el nombre de preservativo o profiláctico), resulta muy práctico a los fines de la anticoncepción.
Tiene como ventaja el hecho de ser absolutamente inofensivo para la salud física, pero desde el punto de vista emocional ofrece reparos. La motivación emocional debe ser muy grande, pues la disminución de la sensibilidad masculina no es despreciable; interfiere, además, en la dinámica del coito. Los motivos de su fracaso se deben a su ruptura o a su mala utilización (no colocárselo desde el inicio de la relación). Es uno de los más adecuados -o el más- para el período de puerperio; por lo menos hasta que se reanuden los ciclos menstruales.
Interrupción del coito, si se quiere evitar que el esperma ingrese en la vagina, también se puede realizar la interrupción del coito ante la inminencia de la eyaculación. Este método requiere un control muy intenso sobre la fisiología y las emociones de la pareja, especialmente en lo que al varón se refiere. Por otra parte, puede resultar peligroso debido a la emisión inadvertida de líquido seminal, lo cual de suceder acarrearía sentimientos de culpa muy difíciles de elaborar.
Diafragma, si no es posible evitar que el semen ingrese en la vagina, sí puede intentarse que no llegue al cuello del útero. Para eso se dispone de un aro de goma semirrígida totalmente cerrado con látex que actúa como barrera. Es el famoso, aunque mal llamado diafragma. En el caso de las recientes mamás no puede ser utilizado hasta que no se haya producido la vuelta a la normalidad de las estructuras musculares de la vagina, lo que ocurre después del tercer mes del parto.
Pastillas anticonceptivas anovulatorias, en este caso, se evita que la mujer genere óvulos. Estas pastillas, las más comunes, se toman durante tres semanas y se descansa una. La tasa de fracasos es la más baja de todos los métodos, pero también tienen sus inconvenientes, aunque no obligados. Requieren un control médico exhaustivo dado que pueden producir alteraciones en la coagulación de la sangre. En el caso particular de la lactancia no están aconsejadas, pues las hormonas que contienen (estrógenos) alteran la cantidad y la calidad de la leche materna (disminuyen su volumen y su contenido de grasas y proteínas). Además, pequeñas dosis de hormonas pueden pasar al bebé. Por eso es que no se suele aconsejar la toma de anovulatorios en la lactancia, no sólo porque sus efectos adversos superan a los beneficios, dado la baja frecuencia de ovulación, sino también porque, al no estar establecido aún el ciclo menstrual, no es posible una administración racional.
El DIU, los partidarios de este método hacen hincapié en que su colocación, al tercer a quinto día del parto, es simple e indolora y la aceptación es buena. La incidencia de trastornos post colocación son las mismas que si se lo coloca al cabo de cierto tiempo. Hay un incremento de la cantidad de pérdidas sanguíneas que se prolonga una semana más de
Todo método, por más natural que sea, implica un riesgo -aunque mínimo para la salud física o mental de la pareja. |