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La regulación de los ciclos ováricos, uterino y menstrual, es en gran parte hormonal, pero hay también fenómenos de carácter nervioso que influyen al mismo tiempo en el proceso endocrino y que explicarían las variaciones en la regularidad de los mismos.
Así, la hipófisis, glándula que se encuentra en el cerebro, actúa sobre el ovario a través de dos hormonas: una foliculoestimulante, que actuará sobre la producción de estrógenos y sobre el desarrollo de los óvulos, y otra, luteinizante, que intervendrá en la producción de progesterona y en el desarrollo del cuerpo lúteo (cuerpo amarillo), de gran importancia para la gestación.
Al mismo tiempo, el hipotálamo, región del cerebro situada en la base cerebral, unida por un tallo nervioso a la hipófisis, y en la que residen centros importantes de la vida vegetativa, controla la secreción de las hormonas hipofisiarias.
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Por tanto, aunque la regulación de los ciclos se realiza mediante hormonas, su actividad está controlada directamente por el sistema nervioso. Este hecho debe de tenerse muy en cuenta para comprender las múltiples variaciones en los distintos ciclos.
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La flechas que observamos en la lámina nos muestran la relación que existe entre los centros hipotálamo-hipofisiarios, que se localizan en el cerebro, y los órganos genitales. Las hormonas segregadas por los primeros (gonadotropínas) actúan sobre el ovario, éste a su vez produce otras hormonas (estrógenos y progesterona) que actuarán sobre el útero, favoreciendo la proliferación y preparación del endometrio, así como sobre el desarrollo de las mamas.
La estrecha relación entre hipotálamo, hipófisis y secreción de gonadotropinas nos muestra la importancia de las emociones en la fisiología genital, ya que éstas se localizan en el Sistema Nervioso Central, y más en concreto en el hipotálamo y en el sistema límbico.
Esta conjunción entre lo psíquico y lo somático es la base de la Medicina Psicosomática, y ha ido mostrando a lo largo de este siglo cómo las emociones pueden influir decisivamente en las funciones orgánicas. Para los neurofisiólogos, toda situación de stress conduce a una activación del hipotálamo, que pone en marcha mecanismos de protección y defensa por vía motora, visceral y neurohormonal. Pero si ésta persiste y tiene una intensidad adecuada, puede producir trastornos funcionales e incluso orgánicos en los sistemas afectados.
Fuente: Iniciando un Camino, Ministerio de Salud Pública de la Republica Oriental del Uruguay, Fondo de Población de las Naciones Unidas, Montevideo 2000 |
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