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En mis muchos años de obstetra, he disfrutado de las sonrisas y caricias entre madre y padre, del trato cálido hacia la parturienta, de las palabras de apoyo, los gemidos y -a veceslos necesarios gritos de trabajo, siempre cargados de emoción y sentimiento.
En fin, de todo eso que hace que ayudar a dar a luz sea una tarea plena de afecto mutuo entre los padres y el equipo profesional. Lo que media entre un tipo de parto y otro es la preparación física, psíquica y emocional. A esa actividad, que ya tiene 43 años de trayectoria en nuestro país, queremos dedicar este espacio. |
Para eso compartimos con ustedes el pensamiento y la experiencia de tres mujeres que, día tras día, desde hace muchos años, ayudan a las futuras mamás (y a los papás) a recibir a sus hijos de la mejor manera posible. Ellas son Brígida Morgenroth, decana de las preparadoras argentinas, Maruca Viel Temperley y Viviana Tobi quienes, junto a muchos otros profesionales dedicados a esta especialidad, forman parte de la Agrupación de Profesionales de Educación para el Nacimiento, sociedad de carácter científico que impulsa su desarrollo en nuestro medio. Esta agrupación tine objetivos muy concretos: la creación de un espacio de reflexión, intercambio y divulgación, el compartir criterios y la jerarquización de esta significativa tarea. Sus fundamentos son respetar los procesos individuales de la mujer, el varón y el bebé; dar un lugar protagónico a la mujer en su libertad, autonomía y confianza; ofrecer información adecuada y amplia; y acompañar, escuchar y contener a los futuros padres.
Escuchar, respetar y motivar a la embarazada
Brígida Morgenroth es kinesióloga y profesora de Educación Corporal Femenina (gimnasia). Se dedica a la preparación integral para la maternidad desde hace más de 50 años y, pese a que insiste en que no es la pionera en la Argentina, todos estamos totalmente convencidos de la justicia de este concepto, porque fue ella quien difundió el trabajo que había comenzado la primera mujer de su marido, Ruth Schwartz de Morgenroth. "Ruth fue mi primera maestra. Aprendí de ella la gimnasia específicamente femenina". Años más tarde, BríQida estudió kinesiología "para tener un título habilitante" que nunca nadie le pidió. A su criterio mucho más útil fue su labor al lado de su amiga Iris, de Montevideo, creadora de la "gimnasia consciente". También aprendió eutonía junto a Gerda Alexander, al tiempo que desarrollaba su propio método. Y tuvo el honor de conocer a los doctores Read, Lamaze, Leboyer y Kitzinger, figuras señeras en esta actividad.
A Maruca Viel Temperley la preparó en sus siete embarazos. Desde entonces, Brígida ha cambiado mucho su manera de trabajar: sus clases ya no son estructuradas como en otra época. "Felizmente -comenta- las embarazadas llegan a los cursos poco antes de conocer su estado, lo que resulta muy saludable. Cuanto antes se conecten con otras futuras mamás, más se vinculan con su bebé. En los grupos pueden escuchar, comparar y tener un ámbito de continencia y seguridad, además del beneficio físico".
Incorporar la panza
Las mujeres acostumbradas a hacer gimnasia, siempre que su obstetra se lo permita, quieren venir a poco de iniciada la gestación. Otras llegan durante el tercer, cuarto o quinto mes, y todas buscan estar entre pares. Por lo general, Brígida observa que las que recién llegan están bloqueadas, tensas y les cuesta conectarse con su cuerpo y con su hijo. Arrastran vicios anteriores que se agudizan durante el embarazo y suelen sorprenderse por la facilidad con que se mueven las que están por dar a luz, a pesar de la panza. "Es porque la tienen bien incorporada a su esquema corporal: no les pesa".
Según ella, el curso les hace tan bien que salen vitalizadas y sueltas. Suelen decir que el día de clase rinden mucho más y se cansan menos. "Aprenden a repartir el peso del cuerpo, de modo que no caiga todo sobre las piernas, que ya están de por sí sobrecargadas." Para Brígida, es difícil lograr una adaptación a los cambios funcionales, morfológicos y emocionales al comienzo del embarazo, y es por eso que se escuchan tantas quejas durante el primer trimestre. Para contrarrestar estos sentimientos insiste en que deben acentuarse los movimientos de elevación. Hay que tonificar la panza para que no sentir que "tira hacia abajo". Además, de darle una importancia significativa al trabajo abdominal y pelviano.
Ella observa que las embarazadas que no han hecho ningún tipo de trabajo corporal hasta el séptimo mes, por lo general se quejan de dolor de cintura, de las costillas, de la espalda, del peso de la panza.
También se fatigan fácilmente y sus piernas se edematizan. Todo esto se puede evitar, nos dice, con un trabajo corporal precoz, que atraiga la atención de la embarazada, y le permita, además, percibir algún síntoma patológico, para poder tomar las medidas oportunas y disminuir todo tipo de complicaciones (incluyendo el parto prematuro).
Le asustan los "partos ideales"
Brígida insiste en la importancia de la percepción corporal, en la toma de conciencia de la postura, en el placer de recorrerse la totalidad del cuerpo sin dejar zonas olvidadas. Para eso, es necesaria la concentración que se logra durante las clases: "si el cuerpo no se siente, los movimientos se hacen mecánicamente". Sin embargo, no todo es actividad física: también hay tiempo para hablar. Ella nos cuenta que el trabajo corporal específico contribuye a la salud integral de la mujer, y por ende del bebé. Si la mamá hace algo con placer, al bebé no le puede hacer mal.
"Allá por el año 1950 las clases estaban preestructuradas. Se daban instrucciones rígidas." Hoy prefiere trabajar con grupos abiertos que generan acercamiento vivencial al parto y la maternidad. Se integran continuamente nuevas futuras mamás, al tiempo que otras se van porque nace su bebé. "Cada relato de aquella que ha dado a luz nos enriquece, siempre aprendemos algo nuevo que nos hace valorar el protagonismo de la mujer y de su pareja". |