El segundo trimestre resulta por lo general el más llevadero. El bebé va creciendo poco a poco y el vientre de la madre también, pero todavía no abulta ni pesa demasiado. En cuanto a las molestas náuseas y los mareos de los primeros meses, en la mayoría de las embarazadas desaparecen después del tercer mes.
Tanto las parejas que ya lo han vivido como los médicos, encuentran que éste es el momento más adecuado para realizar las tareas que exigen más esfuerzo, para hacer un viaje y, por supuesto, para unas vacaciones si aún quedan días por disfrutar. Es también hora de comenzar a elegir el centro para realizar los cursos de preparación para la maternidad.
No hay dos vientres iguales
Por lo general, estas clases comienzan a partir de la semana 24 y duran dos meses y medio. El primer día, las futuras madres suelen escrutarse mutuamente, con más o menos disimulo, los respectivos vientres.
Con una malla enteriza o un equipo deportivo, las formas quedan más marcadas y se ve que todos los vientres no son iguales; aparte de estar más o menos abultados, unos son redondos mientras que otros son más bien puntiagudos.
Hay quien dice que la forma de la panza tiene que ver con el sexo del futuro bebé, teoría que niegan los obstetras. Científicamente se pueden encontrar multitud de factores que intervienen en la formación del vientre. Uno de ellos es el estado de los músculos y del tejido conjuntivo. Las hormonas del embarazo vuelven a ambos más flexibles para que puedan alojar al bebé a lo largo de la gestación. Esto es igual para todas las embarazadas, pero si los músculos están poco desarrollados y el tejido conjuntivo flojo, el útero sobresale más.
La cantidad de líquido amniótico también es variable; unas embarazadas tienen más y otras menos y esto influye lógicamente en el tamaño del vientre. Cuanto más líquido, más grande es la panza y más redonda. Además hay gestantes que almacenan mayor cantidad de agua y grasa en el tejido a pesar de llevar una alimentación más sana y equilibrada.
La altura de la panza depende de varios factores. Por ejemplo, si la futura mamá tiene la columna curvada hacia adentro, el vientre sobresale más. Si ha tenido ya un hijo, la pared abdominal cede más y la panza cae un poquito. Y, lógicamente, el tiempo de gestación también moldea el vientre: a medida que ésta avanza, se vuelve más redondo y más grande.
El útero es mil veces mayor
En los últimos meses del embarazo el bebé aumenta su estatura el doble comparado con lo que medía en la semana 20 y pesa aproximadamente quince veces más que en la mitad de la gestación. Para albergarlo, el útero, que al comienzo del embarazo tenía el tamaño y la forma de una pera invertida, se va dilatando, hasta multiplicar por mil su volumen interior normal y se extiende hasta las costillas.
Lógicamente, cuando el feto crece, la futura mamá se siente más fatigada. A1 necesitar más espacio vital, el niño empuja los órganos internos de la madre y los desplaza hacia los lados y hacia arriba. Por eso puede ser que la embarazada sienta ardores de estómago con más frecuencia o se quede sin aliento al más mínimo esfuerzo.
En estos últimos meses no es difícil sentirse demasiado torpe: una de las cosas que más molestan es la necesidad de tener siempre un baño cerca, ya que el niño presiona también la vejiga y hay que orinar cada dos por tres. Además, no es raro que la mujer encinta tenga que pedir auxilio para realizar un movimiento que no requiere más que una mínima habilidad. Se pueden contar por miles los maridos que tienen que dar una mano a sus mujeres con panza cuando quieren darse vuelta en la cama.
La etapa del preparto
Poco antes del nacimiento el contorno del vientre suele alcanzar los cien centímetros, o incluso puede sobrepasarlos. Y el ombligo, que hacia el octavo mes todavía permanecía un poco hundido, parece haberse convertido en el botón de la panza. En este momento, ya no alcanzan las manos para abarcar el vientre, es necesario rodearlo con los brazos.
Las mujeres que esperan su primer hijo experimentan estas sensaciones de presión con más intensidad. Quizá por eso, su alivio es también mayor cuando, unas cuatro semanas antes del parto, el bebé va bajando hacia la entrada de la cavidad pelviana y puede respirar mejor. En los embarazos siguientes todo será más fácil porque el feto estará colocado más abajo desde el principio.
Nuestras abuelas se cuidaban muy bien de ser vistas lo menos posible con su prominente panza. Por el contrario ahora, la mayoría de las futuras mamás, están incluso orgullosas de ella. Ya no la ocultan tras los pliegues de los vestidos, sino que la lucen desenvueltas y coquetas debajo de un jardinero o incluso de una remera más bien ajustada.
Las molestias características del comienzo y el final de la gestación también se viven de una forma diferente. Las mujeres saben que son inevitables y pasajeras y que, aunque cueste un poquito, en este momento es necesario estar más serenas que nunca. No es difícil olvidar que la recompensa se aproxima cada día más. |