Embarazo adolescente
Desde hace varios años es un tema de alta importancia en cuanto a la salud pública en nuestro país y que cobra día a día más visibilidad, donde actúan diversos factores y se implementan acciones desde distintos ámbitos para atenderlo. De todos modos, se viene dando una tendencia al aumento del mismo, con varias aristas que no corresponde que abordemos en este artículo.
Lo que es indudable es que estamos ante un cambio -de costumbres y comportamientos- muy relacionado también con pobreza, vulnerabilidad y abandono.
Además, suelen presentarse particulares riesgos sanitarios asociados cuando la madre es muy joven, está mal nutrida y sufre algunas condiciones de vida desfavorables.
Aunque esto no ocurriera, en cualquier caso, hay riesgos emocionales presentes por la propia edad de la madre. La maternidad a edad muy temprana supone dejar de lado algunas actividades altamente valoradas en nuestra cultura, tales como estudiar y divertirse al modo de una adolescente, para pasar a desempeñar un rol para el cual la joven presenta en cualquier clase social mayor ambivalencia que mujeres en edades más «adecuadas» para cumplir la función materna con plenitud y alto interés y deseo.
Muchas mamás jóvenes sienten que su hijo es algo así como un hermano menor, y no es raro que el niño llame a su propia madre por el nombre de pila y le diga mamá a su abuela, quien muchas veces es quien asume realmente el rol materno, sobre todo si es una abuela joven, y tiene hijos chicos, y la historia se está repitiendo.
Se piensa igual que es una falta de consideración por las capacidades personales de cada joven creer que no están aptas para ser buenas madres. Hay chicas jóvenes que son madres dedicadas, tienen capacidad de sacrificio y renuncia para dedicarse a su hijo, incluso más que mujeres mayores sobre las que tienen una gran ventaja: al ser aún muy jóvenes, su resistencia física es mayor y disfrutan más de jugar con sus hijos. La mamá ideal
La «madre ideal» en nuestro país está determinada posiblemente por dos factores: la experiencia interna de cada quien con su propia madre, y por la madre de consumo que nos presenta la publicidad actual. He observado que la madre o embarazada que vemos en los medios vendiendo un producto es generalmente una mujer entre 25 y 30 años, suave, vestida en forma «maternal» y saludable, dulcemente serena, y que no siempre aparece en pareja. La imagen es la de una mujer sola, embarazada y plena con el embarazo.
Aparece promocionando desde servicios de salud hasta objetos de tocador o de confort hogareño pero no siempre lo hace en familia.
Esta aparente «solvencia» y prescindencia femenina del hombre tiene un riesgo. Va formando en el imaginario colectivo y en las mujeres jóvenes la idea cada vez más extendida del embarazo como algo perteneciente a la mujer y no auténticamente a la pareja.
También creo que responde a la realidad. Hay muchas mujeres sin pareja, embarazadas o solas con hijos pequeños. Esto también acarrea una enorme exigencia interna y personal para las futuras madres ya que desde el embarazo pueden sentir que (sin ayuda) deberán criar a su hijo...y sentirse plena y feliz de hacerlo.
Embarazo a las cuarenta
Es algo muy frecuente ver mujeres de cuarenta o más años teniendo su primer hijo (a la edad en que muchas mujeres de clases sociales poco favorecidas son abuelas al mismo tiempo que madres de hijos adolescentes, jefas de hogar que se hacen cargo del sostén económico de esos nietos, hijos jóvenes subempleados y de quizás también sus padres).
Obviamente que todas estas circunstancias pesan y cambia totalmente la vivencia de la maternidad de dos mujeres de la misma edad, como vimos en las franjas de edad menores. Las madres añosas primerizas generalmente están muy convencidas y deseosas de ser madres. Conocen y asumen los riesgos que corren, y suelen referir que disfrutan el embarazo como la experiencia más importante de su vida. Saben que las características de crianza por motivos cronológicos y expectativas de vida propias no serán las mismas que si hubieran sido madres antes.
También ocurre que muchas mujeres con hijos de anteriores matrimonios tienen nuevamente familia. Esos nuevos hijos a los cuarenta años de la madre seguramente tengan un entorno 0 circunstancias de vida bien distintas a las de los primeros.
Notamos que en las mujeres que han tenido un solo matrimonio, el proyecto hijos se ha desarrollado a lo largo de 10, 12 años y luego viene una etapa en la cual si el matrimonio no proyecta tener familia y si se produce un embarazo es sin planificarlo. Eso no sucede en los segundos matrimonios. |