Para muchas mujeres, el cuarto y el quinto mes son los más bonitos de todo el embarazo; se sienten mejor y más equilibradas. Los cambios hormonales ya se han estabilizado y las molestias, naúseas y vómitos van remitiendo. Es como si su organismo se hubiera acostumbrado al nuevo estado. Por otra parte, la panza aún no es tan voluminosa como para ocasionar ninguna molestia. Pero, sin duda, lo más emocionante de este período es sentir los primeros movimientos, aún leves, del futuro bebé.
La psique también se altera
Los cambios psíquicos propios del embarazo pueden acentuarse al comenzar el séptimo mes. Aparece el temor al parto, a que el niño esté totalmente sano, a la responsabilidad adquirida...
A ello se une el que la panza se está haciendo cada vez más pesada y abultada, tanto que a veces puede resultar agotador caminar. Las piernas comienzan a hincharse y hasta se hace complicado encontrar una postura cómoda en la cama. Y es que el bebé ocupa ya prácticamente toda la cavidad abdominal y, poco a poco, va tomando su posición definitiva.
Es corriente que, en más de una ocasión, afloren las lágrimas aunque sea sin un motivo aparente. La sensibilidad de la mujer está a flor de piel. Pero no hay que preocuparse. El médico, con ayuda de las ecografías periódicas, confirmará que todo va por buen camino.
A punto de comenzar la cuenta regresiva
Durante el período que va desde el séptimo mes al momento del parto el bebé sólo se ocupa de engordar, ya que sus reservas de grasa son todavía escasas, y se dedica tanto a ello que, al final de esta etapa, alcanza los 3.400 g y mide unos S l cm. Sus pulmones también se van preparando para el gran momento y segregan una proteína que estabiliza los alvéolos para poder recibir el oxígeno al nacer.
La madre notará menor presión sobre el diafragma y el hígado, pero más sobre la vejiga, por lo que los viajes al baño se harán frecuentes. El mayor inconveniente está ahora en que la panza va cediendo ante el peso del bebé y empieza a ser costoso incluso sentarse.
El corazón de la mujer es el que recibe la mayor carga al ser presionado por los demás órganos, tanto que incluso puede desplazarse un poco de su lugar habitual. Su vientre tiene ahora un perímetro de unos 100cm y, aunque su útero ha aumentado un centenar de veces, ya no hay sitio para que el bebé se mueva.
Todo está preparado para el gran momento. Ahora, más que nunca, la madre debe mantenerse tranquila. Algo que, dado el volumen de su panza, no suele ser fácil. En este período se siente voluminosa, torpe... en una sensación, nunca mejor dicho, realmente embarazosa.
Sin embargo, las mujeres encintas deberían lucir sus abultados abdómenes con alearía y orgullo. Lejos de eso, para algunas, el hecho de aumentar unos kilos y perder su estilizada figura durante el embarazo implica cierta preocupación. Se ven gordas y poco deseables para sus maridos. Su mayor enemigo es el espejo y no es raro que tengan momentos de depresión. Esta idea es bastante común entre las -estantes aunque lo normal es que estos sentimientos negativos remitan cada vez que sienten los movimientos del bebé dentro de ellas.
Aquí juega un papel importante la figura del padre. Debe colmar a su pareja de mimos y atenciones, y participar de todo lo relacionado con el embarazo. Acariciar al pequeño a través de la panza de la madre hablarle y sentir cómo se mueve no sólo serán los primeros mensajes de amor hacia su hijo, sino también los más valiosos para la mujer.
La forma de la panza
Todos hemos oído que es posible adivinar el sexo del futuro bebé con sólo mirar la panza de la madre. La barriga puntiaguda, se dice, es síntoma de estar esperando un varón, y la redondeada, una nena. Pero esto es totalmente infundado.
Los distintos volúmenes y formas de la panza están en relación con una serie de factores físicos, tales como la elasticidad del tejido conjuntivo y su musculatura -cuanto más flojo sea, mayor será el volumen del abdomen-, la cantidad de líquido amniótico, la acumulación de líquidos y grasa en los tejidos, la ubicación del útero, la curvatura de la columna vertebral de la madre, etc. Gracias a las ecografías, el médico puede determinar si lo que se espera es nene o nena. Esta es la fórmula más sencilla de responder a la curiosidad de los padres. Aunque siempre caben las sorpresas.
La evolución de la panza
- 2º mes - El médico confirmará si la mujer está embarazada. Tan pronto como haya sospechas habrá que acudir al ginecólogo.
- 4º mes - Aumenta el volumen de la panza y el del pecho. La ropa anterior ya no sirve, y el embarazo se hace visible al exterior.
- 4º/5º mes - Es una de las fases más emocionantes del embarazo. Cada vez se notan con más claridad los movimientos del feto.
- 5º/6º mes - El útero ya no cabe en la pelvis y entra en contacto con la pared abdominal anterior desplazando los órganos internos.
- 6º/7º mes - Se ponen a punto los órganos principales del bebé: pulmones, riñones, hígado y cerebro. Su aspecto es de recién nacido.
- 7º/8º mes - Si naciera ahora, podría sobrevivir con atención médica. Sus movimientos son el mejor ejercicio para el parto.
- 8º/9º mes - El vientre de la madre tiene un perímetro de unos 100 centímetros y su útero ha aumentado hasta 100 veces de tamaño.
- Embarazo en término - Ahora ya sólo queda esperar. Es cuestión de días. Disfruta con tu compañero de estos últimos momentos en soledad.
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