Los conflictos típicos de la gestación
Son muchos los conflictos típicos de la gestación que pueden aflorar camuflados en la cama. Por un lado, la mujer abandona el papel de hija para convertirse en madre, y eso supone perder el respaldo de las figuras paternas.
Por el otro, la embarazada suele volver la vista hacia los primeros años de su vida. El hecho de esperar un hijo conecta a la futura madre con su propio nacimiento, por lo que puede haber sueños muy regresivos. Para el cerebro no es difícil acercarse a aquellos lejanos años de la infancia; se ha comprobado que éste recuerda mejor durante el sueño que en estado de vigilia.
"Soñé que mi madre tenía un bebé y lo llamaba Miguel, un nombre que mi marido quiere para nuestro hijo -nos cuenta Raquel, embarazada de cinco meses-. Yo trataba de convencerla de que los dos chicos no debían llamarse igual, porque iba a ser un problema, pero ella respondía que no pensaba cambiar la decisión. A mi marido y a mí no nos quedaba más remedio que elegir otro nombre".
Mirado desde una perspectiva lógica, resulta disparatado que una gestante imagine a su progenitora en pleno posparto. Los psicólogos señalan, sin embargo, que este tipo de vivencias oníricas suelen reflejar identificación y/o competencia con la madre; otro de los temas que más preocupan en este momento a la embarazada. No cabe duda de que toda mujer encinta se pregunta, en forma consciente o inconsciente, si será capaz de desempeñar su nuevo papel tan bien como su propia madre, si logrará ser tan femenina como ella y si obtendrá la aprobación y el reconocimiento de su propio padre.
También hay pesadillas
En un momento tan crítico como el embarazo, lleno de miedos e incertidumbres sobre el futuro, lo más natural es que de vez en cuando haya alguna pesadilla. La mayoría de las mujeres encintas recuerda haberse despertado sobresaltada alguna vez. "Cuando esperaba el primer hijo -dice Viviana, madre por partida triple-, mi marido se levantaba muy pronto para ir a trabajar y yo me despertaba junto con él, pero al rato volvía a quedarme dormida. Entonces más de una vez soñé que una señora muy alta entraba en la habitación y se quedaba allí. No le veía el rostro y su presencia me inquietaba tanto que me despertaba asustada y me desvelaba".
Silvia todavía es capaz de rememorar el desasosiego que la invadía cuando, a punto de ser mamá, soñaba que le robaban a su bebé. "Me lo arrebataban de mis brazos -explica-. Cuando intentaba recuperarlo, me mostraban un bebé tras otro, preguntándome ¿Es éste?', y yo respondía desolada: `No, el mío es más lindo'. A pesar de que veía muchos chicos, mi hijo nunca aparecía".
Andrea, madre de una nena de tres meses, una noche sufrió intensamente al verse caminando en torno a un lago inmenso y profundo. "A cada paso que daba -recuerda- temía caerme en sus aguas, cosa que no llegó a suceder".
El agua es uno de los temas oníricos más comunes durante la gestación. Es normal: el agua tiene que ver con el nacimiento. ¿No es en ella donde surgió la vida? Y nosotros comenzamos la existencia rodeados de líquido amniótico.
La muerte es otro de ellos. La mujer encinta puede vivir en sueños la pérdida de un amigo, un familiar muy cercano (con frecuencia, la madre) o, incluso, su propio fallecimiento.
Según los expertos, no hay que temer este tipo de mensajes del inconsciente. Al contrario de lo que se puede pensar, no son un mal augurio, sino todo lo contrario. La muerte puede hacer referencia a todo lo que se pierde con la maternidad (el papel de hija, cierta independencia, una vida sin grandes responsabilidades...). También es posible interpretarla como un símbolo de cambio o de renacimiento.
¿Es posible interpretar los sueños de las madres?
Se ha observado que la temática de los sueños experimenta varios cambios a lo largo de la gestación. Parece ser que en los primeros meses cobra mucha importancia la imagen corporal. Hacia la semana 20 ó 22. cuando la mujer ya percibe los movimientos del bebé, suele tener los primeros sueños con el niño e, incluso, llega a verse realizando una actividad cotidiana con él (por lo general, el padre no aparece). En los últimos meses se desarrolla el tema del parto.
El tercer trimestre y, sobre todo, el segundo, son prolijos en sueños sobre la creación. La embarazada (que está en pleno proceso creador) puede verse pintando, esculpiendo o asistiendo a una exposición.
Probablemente con esta clave se puede interpretar el reconfortante sueño que tuvo María José, en el quinto mes de gestación: "La acción transcurría en la casa donde vivía con mi familia cuando era chica. Abría una ventana del último piso y aparecía ante mí un campo cargado de flores y cruzado por riachuelos. Dirigí la vista hacia abajo y allí estaba mi marido mirándome. El tenía un manojo de globos amarillos que soltó hacia mí, ofreciéndomelos. Me sentí feliz observando cómo subían con sus hilos ondulantes, que parecían rabitos. ¡Qué maravilloso regalo! Pensé mucho en este sueño y llegué a la conclusión de que los globos aludían a los espermatozoides. Es lógico: ellos han hecho germinar mi cuerpo que está, igual que el campo, en primavera".
Cabe preguntarse si la interpretación libre de esta embarazada es correcta. Sí. Para algunos psicólogos la persona que mejor puede traducir los sueños es quien los ha vivido. Los símbolos no tienen un significado universal, y resulta demasiado arriesgado descifrarlos sin conocer a la protagonista y a su propia historia. |