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Lo cierto es que no existe un pecho perfecto. Tanto el tamaño como la forma, vienen determinados por la herencia genética y la estructura física de cada mujer: la anchura de los hombros, la altura, la amplitud de las caderas, etc... Nada se puede hacer para alterar su forma, ni para reducir o aumentar sensiblemente sus medidas, salvo que se quiera recurrir a la cirugía estética.
Sin embargo, gracias a los avances de la cosmética y al conocimiento que hoy se posee de la estructura y desarrollo de los senos, sí es posible conservar lo que la naturaleza nos ha dado y, a veces, mejorar lo que, por diversas circunstancias, ha llegado a deteriorarse. |
Pechos suspendidos en el vacío
Los pechos se ubican por delante del músculo pectoral y su única sujeción consiste en una serie de ligamentos. Están compuestos por tres clases de tejidos: el conjuntivo, el glandular y el graso, y la proporción de cada uno de ellos varía con la edad. Hasta aproximadamente los 20 años, predomina el conjuntivo y el pecho es duro y firme. Entre los 20 y los 30, se prepara para cumplir su principal cometido -dar de mamar- y se produce un aumento del tejido glandular, más blando y proclive a la caída. Después de los 40, el tejido graso sustituye al glandular. Por si fuera poco, la piel que recubre el pecho es sumamente fina y porosa, por lo que cede fácilmente.
A estas características propias se unen, en muchas ocasiones, factores externos que, como las dietas de adelgazamiento, el envejecimiento y la falta de hidratación de la piel, los embarazos, la lactancia prolongada y reiterada, los trastornos de la circulación y la falta de ejercicio, repercuten negativamente sobre la belleza de los pechos.
Con la cabeza muy alta
El método más sencillo para prevenir la caída de los senos es mantener habitualmente una postura correcta: cabeza erguida, espalda recta y hombros hacia atrás. Lo contrario hace que el pecho se relaje y la piel termine por ceder.
Son muy recomendables todos aquellos deportes en los que actúan los brazos, los músculos de la espalda y. el tórax, como la natación, las pesas y el remo. También puedes hacer en casa unos sencillos ejercicios que, practicados con constancia, fortalecen y reafirman el busto. Se debe repetir cada ejercicio, primero cinco veces e ir aumentando hasta llegar a 25. Es muy importante que la respiración acompañe correctamente los movimientos: se respira profundamente al empezar, se mantiene el aire en los pulmones cinco segundos y se suelta, al mismo tiempo que se relajan los músculos.
Sin olvidar que muchas de las tareas domésticas (pasar la aspiradora, limpiar las paredes, utilizar el escobillón o sacudir las alfombras) resultan muy beneficiosas para reafirmar y endurecer el pecho.
Las duchas alternas de agua fría y caliente siguen vigentes. Termina con agua fría, sécate vigorosamente y aplícate leche limpiadora y tónico (los mismos de la cara). Date un ligero masaje con un guante de crin, para abrir bien los poros, y ponte una crema reafirmante. Deja que penetre bien y pasa en torno al pecho un cubito de hielo hasta que se derrita. Remata con una loción reafirmante especial para el pecho. Este es un tratamiento intensivo que aplican en algunos institutos de belleza.
Otro punto sumamente importante es mantener la piel de esta zona en perfecto estado. Para ello puede aplicarse diariamente un masaje suave con un guante de crin, una esponja vegetal o un cepillo blandito, que estimule la circulación manteniendo la zona bien irrigada y la piel tersa. |