Cada una de esas etapas puede ser de por sí una razón de tensión, de dificultades. La vida humana implica siempre problemas a resolver. Una pareja `normal' no se diferencia de una “sufriente” por la falta de problemas o tensiones. Lo que inquietaría sería en que en cada etapa aumente la rigidez de sus pautas y se apegue en forma inadecuada a momentos previos. Por ejemplo que habiendo tenido un hijo intenten seguir viviendo como si el nacimiento no hubiera ocurrido; que para determinados problemas no se encuentren las vías de solución, o que la solución sea en sí misma problemática.
Nuevas fuentes de estrés que influyen en la pareja
Los cambios ocurridos en los modos de ser mujer y hombre, los vaivenes del mercado de trabajo y la globalización han obligado a reformular las posiciones tradicionales de unas y otros en relación al trabajo, la crianza de los hijos y los logros individuales; lo que ha sido otra fuente de estrés para las parejas.
La revolución tecnológica con el aporte de las técnicas artificiales ha separado la sexualidad de la procreación. Con la fertilización in vitro se logró tener hijos a través de una intervención médica. Esto tiene efectos muy fuertes sobre la institución matrimonial pues ésta se basaba en la idea de que el acto sexual tiene como corolario la procreación así como la paternidad era inseparable de la paternidad biológica. Estas posibilidades tecnológicas han producido soluciones desconocidas para el problema de la infertilidad. Pero hay parejas para las que la intervención médica implica un orden de intromisión en la vida íntima que puede resultar dificil de sobrellevar. Este puede ser casi un motivo obligatorio para una consulta. ¿Las parejas de hoy son más horizontales y fraternales? ¿Será un lugar que les aporte a los hombres y las mujeres los beneficios de una alteridad libremente consentida? Creemos que sí, lo que no quiere decir que sea fácil.
La consulta a un terapeuta
Tradicionalmente, la psicología había visto al individuo como una unidad, y se había estimado que las características y procesos de desarrollo del individuo eran propios de cada quien. Cuando proponemos un espacio para la pareja estamos pensando que el individuo forma parte de vínculos, de una organización que trasciende a la persona. Decimos que una pareja es más que la suma de las dos personas y que cada uno tiene restricciones para poder pertenecer a ese vínculo.
El sufrimiento, la satisfacción que tiene un miembro de una pareja, no es un producto individual, sino de ese vínculo. Entendemos que en ese vínculo los dos interactúan, aportando su historia, sus valores, su forma de ser, sus recursos y también sus debilidades y dificultades.
Estar de acuerdo en que algo en la pareja no está funcionando adecuadamente puede ser el punto de partida para solicitar una consulta. Puede ser útil consultar a un psicólogo/ a especializado en terapia de parejas, seguramente, no para remedar el amor, pero buscar alivio al sufrimiento y la infelicidad provocados por cierta forma de relacionamiento. Una consulta a tiempo puede significar evitar una ruptura matrimonial o también resolver una separación de un modo menos traumático.
La función del terapeuta es oficiar de tercero. De un tercero muy especial, ya que se propone colaborar con la pareja para mejorar su calidad de vida. Puede ser un lugar donde comenzar a hablar sobre lo que ocurre, para pensar en los problemas que tienen, así como en los recursos con los que cuentan para encarar las dificultades que tienen.
En un proceso de terapia de pareja será posible analizar el proyecto de vida que tengan o no juntos (es decir, tener hijos, conseguir un lugar para vivir); la forma de la cotidianeidad que se haya dado (hay parejas que siguen viviendo cada una en su casa, o comparten una vivienda); la vida sexual que está llena de matices que hacen a la felicidad de ambos o a la insatisfacción, y de las relaciones con las familias de origen de los cónyuges, que pueden ser una fuente de fortalecimiento de la pareja o de dificultades.
Las consultas son con los dos miembros de la pareja presentes. Esto es imprescindible. Los motivos para realizar una consulta pueden ser: el sufrimiento o también cuando se siente la necesidad de tener un espacio donde definir una separación. Puede ser una pareja de novios, una unión libre o un matrimonio, u otras formas que se den los integrantes.
La terapia de pareja básicamente centra su acción en las interacciones entre los miembros. Se busca obtener una formulación clara de los problemas (no la causa, sino el «cómo pasa» y «sigue pasando»), haciendo hincapié en los recursos que tienen para resolver el o los problemas con una duración limitada. |