
Resumen e inferencias
Quizás el hallazgo más interesante en relación con el desarrollo de conductas alimentarías en el niño es la forma en que son influenciados por las experiencias y el aprendizaje tempranos. El rechazo inicial de comidas novedosas no significa que sea inmutable y definitivo, pero refleja una neofobia adaptativa; esta neofobia puede ser vencida a través de múltiples oportunidades de probar el alimento. Debido a la participación de procesos asociativos, muchas de nuestras estrategias para lograr que los niños coman lo que interpretamos que deben comer pueden influir involuntariamente (a veces negativamente) en sus preferencias alimentarías y estilos de control de ingestión. |
Los niños adquieren muchas de las reglas culinarias básicas de sus culturas en los primeros años de vida. Por ejemplo, entre los cinco y seis años, los niños ya han aprendido mucho respecto a cuáles substancias comestibles constituyen comida para su grupo cultural, qué es lo desagradable (Fallon et al. 1984), cuándo se deben comer ciertos alimentos, qué alimentos son apropiados para esas comidas (Birch et al. 1984), y qué alimentos y sabores constituyen combinaciones aceptables (Sullivan, Birch 1990). Hay indicios de que cuando el niño comienza la educación escolar formal en nuestra cultura, la alimentación inducida por depleción típica de la niñez temprana se ha transformado; la combinación de factores fisiológicos, psicológicos y sociales que controlan el comer se ha hecho mucho más complejo.
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En la vida adulta, el control de la ingestión de alimentos está determinado por múltiples factores. Para el adulto norteamericano de clase media, la alimentación está muy raramente inducida por la depleción, y las horas y contenido de sus comidas resultan de una compleja interacción de retroalimentación fisiológica con factores psicológicos, culturales y sociales, incluidos el contexto social, reglas culinarias y creencias acerca de la nutrición y salud.
Actualmente en los Estados Unidos, el control de la ingestión de alimentos es problemático para muchos adultos que encuentran difícil mantener un balance energético adecuado. La sobrealimentación es el principal problema nutricional en ese país: aproximadamente 34 millones de adultos son obesos (National Research Council, 1989) y la incidencia de obesidad infantil está en constante aumento. Entre las mujeres norteamericanas, aproximadamente 40% manifiestan que están intentando perder peso; estar crónicamente a dieta es casi la norma, y la incidencia de trastornos del apetito está en aumento (National Institutes of Health Technology Assessment Conference Statement 1992). Lamentablemente, los problemas de la sobrealimentación no se restringen al balance energético: es cada vez más evidente el papel de la dieta en las enfermedades degenerativas crónicas (enfermedad coronaria cardiaca, aterosclerosis, hipertensión, diabetes y cáncer). A medida que otros países adoptan el patrón de alimentación occidental, estos problemas de salud comienzan a hacerse más prevalecientes en estas poblaciones. |