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¿Es una enfermedad la inapetencia infantil?
Todo parecía ir sobre ruedas y ahora, de repente, sentarlo a comer se ha convertido en una batalla: manías y "ñañas" por su parte y escaramuzas de los padres para que termine de una vez lo que tiene en él plato. Lo peor es que todos opinan y, aunque el chico parece tan campante, la familia entera no puede evitar la angustia.
¿Estará enfermo? ¿Está demasiado mimado? ¿Habrá que resignarse a que sea siempre un "ñañoso"?
Sin embargo, una cosa es que el pequeño no coma como nosotros queremos y otra que esté de verdad inapetente. Los pediatras son los primeros en restarle importancia: se suele sobrevalorar la cantidad como elemento de una buena alimentación y se olvida que cada chico tiene su apetito y su ritmo. A medida que crece, la comida es también para él un medio de afirmar su personalidad.
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Alimentación infantil
Lo primero es tener calma y darle un margen. Una vez descartado que esté incubando alguna enfermedad, lo habitual es que los problemas de saparezcan igual que llegaron. A partir del año y medio, la alimentación ha dejado de ser para él un simple acto reflejo. Ahora le exige poner algo de su parte y tiene una carga social y afectiva de la que empieza a ser consciente.
Descubre, sobre todo, que es la forma infalible de tener preocupados o satisfechos a los adultos. Más tarde, será un misterioso dolor de panza o una carita de mimo. Además, la comida se convierte en un pequeño acontecimiento que le permite experimentar nuevas sensaciones. |
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Por eso requiere tiempo e interés: los apurones o la monotonía pueden quitarle todos los alicientes. De la misma forma, una discusión familiar, la llegada de un nuevo hermanito, un cambio de casa, un viaje o cualquier acontecimiento que trastroque la vida familiar o los hábitos cotidianos del niño pueden reflejarse en su apetito.
Ansiedad de la familia
Lo peor es dramatizar la situación o hablar constantemente de eso con propios o extraños, porque entonces el chico empezará a ver la comida como algo angustioso o lo utilizará como chantaje para convertirse en centro de atención. La ansiedad de la familia puede ser en sí misma un desencadenante pero es, sobre todo, un factor decisivo para agravar cualquier desgano pasajero.
Si después de insistir con calma, el pequeño no come un día o dos o tres, no pasa nada con retirarle el plato con naturalidad y dejarlo estar. Eso sí, con la misma calma hay que dejar bien claro que no puede estar picoteando entre horas o atiborrándose de papas fritas media hora después y, sobre todo, no debemos permitir que todo el mundo opine o que, a escondidas, unos y otros resten importancia a las normas que fijan papá o mamá.
Tampoco es bueno utilizar juegos o armar espectáculos para distraerlos. A veces, es inevitable seguirle la corriente o contarle un cuento si con eso conseguimos que se olvide de alguna manía imprevista pero, en general, las maniobras de distracción pueden terminar convirtiendo la comida en un mero acompañamiento de lo que verdaderamente le interesa, que es jugar o que le dediquen tiempo.
Un buen camino es darle a entender que la comida es algo agradable en lo que todos participan. Si el pequeño come siempre solo y sus padres, acuciados por la falta de tiempo, despachan esos momentos como si fuera un simple trámite, no es extraño que el chico termine percibiendo la comida como una rutina y tienda a buscar distracciones y a comer más lentamente. |
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¿Es necesario consultar con el médico?
Lo primero que se debe tener en cuenta, antes de empezar a preocuparse sin motivo, es si el chico ha dejado de comer bruscamente o lo hace en forma intermitente. El primer síntoma de que los problemas con la comida pueden ser algo más que una manía pasajera es cuando se prolongan demasiado o, cuando es más pequeño, si vomita con cierta frecuencia y si pierde peso.
La razón puede ser un trastorno orgánico mal detectado (una intolerancia alimentaría) o una infección mal curada, como una gastroenteritis. Otros trastornos pueden ser psicológicos o por una mala adaptación a la persona que se encarga de alimentarlo.
A veces, el origen de un apetito desganado puede ser algo tan simple como una aerofagia (gases) o un acumulo de secreciones nasales, consecuencia de resfríos frecuentes, que el chico se traga o que le impiden respirar bien.
Siempre es importante no comentar los problemas del apetito con el pediatra delante del chico, porque esto aumentará la sensación de que hay mucha gente pendiente de él, lo que puede agravar cualquier trastorno. |
Dieta Infantil
Indicamos en este artículo la importancia de los alimentos como fuente de energía para las funciones metabólicas del organismo. Los niños retienen una parte significativa de la energía que ingieren, transformada en tejidos de crecimiento. |
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La inapetencia de los niños
La inapetencia de los niños es un problema pasajero. Lo primero es tener calma y darle un margen. Una vez descartado que esté incubando alguna enfermedad, lo habitual es que los problemas de saparezcan igual que llegaron. |
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Buenos alimentos para el bebé
Existen buenos alimentos para el bebé que le ayudan al niño a sentirse mejor. Pero hay que saber elegir cuáles y aprovechar el primer año de vida del bebé para darle a conocer la mayor cantidad de opciones en sabores y texturas porque es el momento de mayor receptividad y en donde cambian sus requerimientos nutricionales. |
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Carbohidratos
Hablamos un poco de la importancia de los carbohidratos en la generación de energía de la dieta. También mencionamos que son fundamentales porque juegan un papel trascendental en el sabor y la textura de los alimentos. |
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