
Dieta infantil
Los alimentos son la fuente de energía para las funciones metabólicas del organismo, inclusive la síntesis de substancias orgánicas y el crecimiento celular. Los niños retienen una parte de la energía que ingieren, transformada en tejidos de crecimiento. Aparte de eso, el ser humano tiende a mantener un equilibrio entre la energía que ingiere y la que gasta en procesos metabólicos y actividad física. La ruptura de ese equilibrio puede llevar a desnutrición energética o a obesidad.
|
|
|

Fuentes alimentarías
Todo alimento que contenga carbohidratos, proteínas o grasas, es una fuente de energía para el organismo. Su densidad energética se mide por la cantidad de energía metabolizable en cada gramo del alimento. Los alimentos con mayor densidad energética son los ricos en grasas y, en segundo término, los ricos en carbohidratos. |
| Los carbohidratos (4 Kcal. ó 16,7 kJ por gramo) y las grasas (9 Kcal. 0 37,7 kJ/g) se usan principalmente para generar energía. Las proteínas de la dieta tienen otros destinos metabólicos, pero parte de ellas también se usa como fuente de energía (4 Kcal. 016,7 kJ/g). El alcohol etílico aporta cantidades importantes de energía (7 Kcal. 0 29,4 kJ/g) a las personas de poblaciones que consumen vino, cerveza o licor habitualmente. Sin embargo, dados sus efectos nocivos para la salud, no es considerado como una fuente recomendable de energía alimentaría.
Determinación y cálculo de requerimientos
Los requerimientos de energía de un niño son la cantidad de energía alimentaría que debe ingerir para compensar el gasto energético impuesto por su metabolismo basal, actividad física, termogénesis y crecimiento. Este último incluye la energía almacenada en los nuevos tejidos y la gastada para sintetizarlos. La actividad física debe incluir aquellas actividades deseables para un buen desarrollo social, emocional y cognoscitivo del niño, tales como los juegos, la exploración de su medio ambiente y la interacción con otros niños y adultos. |
Casi todos los comités nacionales de expertos han aceptado las cifras sugeridas por FAO/OMS/UNU, basadas en la ingestión de energía asociada con crecimiento normal, más un incremento de 5% por la subestimación de ingestión de leche materna durante el primer año de vida y para permitir un nivel adecuado de actividad física del segundo año en adelante (FAO/OMS/UNU 1985). El cuadro 1 muestra esas cifras y el peso corporal correspondiente para cada grupo de edad.
Estimaciones más recientes, basadas en mediciones del gasto energético total con agua doblemente marcada (Lucas et al. 1987; Fjeld et al. 1988; Prentice et al. 1988; Roberts et al. 1988; VásquezVelásquez 1988) y ajustadas por la cantidad teórica de energía retenida en los tejidos de crecimiento (Department of Health [UK] 1991), dan cifras de requerimientos alrededor de 15% menores que las cifras de FAO/OMS/UNU. Debido a la incertidumbre sobre algunas consideraciones teóricas con el método de agua doblemente marcada en niños y a la necesidad de obtener más datos, se sigue aceptando las recomendaciones internacionales, aunque éstas están en vías de revisión por grupos internacionales de expertos (Torún et al. 1996).
Recomendaciones nutricionales
El cuadro 2 muestra las RDD de energía, que son iguales a los requerimientos promedio para cada grupo de edad. Los requerimientos de energía de lactantes alimentados exclusiva o principalmente al pecho materno parecen ser menores que los de niños alimentados con fórmulas lácteas (Whitehead RG, y Paul AA 1988; Paul et a1.1988). Las RDD para niños menores de seis meses en los Cuadros 1 y 2 se aplican a los que no son amamantados en forma exclusiva. Los que sí lo son, satisfacen sus requerimientos a partir de la leche que maman. |