La introducción de alimentos al cuarto mes, cuando la producción de muchas mujeres que lactan en los países en desarrollo no es suficiente para cubrir la velocidad con que crecen los niños, es una recomendación que debería promoverse ampliamente; a esta edad las desventajas fisiológicas casi han desaparecido.
Es preciso insistir en que la ablactación temprana conlleva ciertos riesgos: favorece el sobrepeso y la obesidad en los lactantes (Vega-Franco et al. 1984); da lugar a que los niños corran mayor riesgo de padecer fenómenos de hipersensibilidad a algunos de los antígenos contenidos en los alimentos (Eastham et al. 1978). A este respecto es aconsejable que los lactantes cuya familia tiene antecedentes de alergia, cumplan un año de edad para introducir el huevo, el chocolate, los cítricos, las fresas y otros alimentos alergénicos. No menos importante es evitar la adición de sal en la dieta que consumen los lactantes; hay indicios de que este antecedente se asocia, a largo plazo, con hipertensión arterial (CNAAP 1974).
La introducción gradual de alimentos a partir del cuarto mes permite que el niño se incorpore a la dieta familiar al término del primer año de vida. Después de esta edad no hay objeción para que reciba los alimentos propios de la cultura en que está inserta su familia. |